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La democracia perdida

En 1973, El regreso del general (Vergara, 2013), Julio Bárbaro acusa a la violencia y a los violentos de lo que nos tocó vivir desde entonces.

11 de junio de 2013 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
La democracia perdida

El 14 de junio de 1973, el presidente Héctor Cámpora viajaba a Madrid para buscar a Juan Perón, quien finalmente regresaría al país, tras 18 años de exilio. Cámpora había asumido la presidencia el 25 de mayo y renunció el 13 de julio; duró siete semanas. Dijo que debía devolverle a Perón el mando que le correspondía. Muchos lo encontraron lógico; otros entendieron que caía por su alianza con Montoneros. En 1973. El regreso del general (Vergara, 2013), Julio Bárbaro, quien aquel año fue elegido diputado, usa el almanaque y los periódicos para orientar a su memoria en el recuerdo de las interminables 52 semanas de un año en que nos pasó de todo, a los argentinos y al resto del mundo (de Chile a Vietnam). Es un ensayo que acusa a la violencia y a los violentos de lo que nos tocó vivir desde entonces, y que claramente se vincula con otros libros lanzados en estos meses, que apelan al testimonio para discutir la imagen que de los años '70 se ha fomentado desde el kirchnerismo y desde algunos organismos de derechos humanos. "Apostar a la violencia implicaba siempre una manera de devaluar al voto, de despreciar al pueblo", escribe Bárbaro. En esa apuesta coincidieron sectores de derecha y de izquierda, peronistas y antiperonistas. La verdad, casi nadie creía en la democracia. De hecho, las guerrillas no se desarmaron ni se abstuvieron de realizar sus habituales "operaciones" durante el gobierno de Cámpora, del cual Montoneros formaba parte. Esto es lo que subraya Bárbaro, entonces, con insistencia: no se puede formar parte de un gobierno democrático y luchar con las armas contra las instituciones que representan a ese gobierno."Perón le entregó a la juventud un poder político enorme convencido de que se lo otorgaba para siempre, eligió a Cámpora por una lealtad que llegaba al nivel de la obediencia y a la Juventud (Peronista) para que heredara el poder de la democracia. Sólo los errores terribles de ambos lo obligaron a asumir el poder y a aceptar que si esa juventud estaba enamorada de la violencia sólo podía encarnar el camino de su propia tragedia".Bárbaro presenta muchos argumentos para sostener esa tesis: debilitaron a Cámpora desde el primer minuto, cuando, a pesar de la amnistía propuesta para los presos políticos, prefirieron que los liberara "el pueblo movilizado"; la violencia empleada contra la dictadura perdía todo sentido porque ahora "éramos gobierno", pero Montoneros priorizó a su ala militar por sobre la política; de mayo a septiembre, "todos los pasos que se dan son forzados por los jefes guerrilleros, desde la caída de Cámpora hasta el asesinato de Rucci"; creyeron que tenían más poder que Perón, y buscaron demostrárselo de mil (equivocadas) formas. Por todo ello, "la llegada de la democracia comenzaba a fallar en su objetivo principal, que era la pacificación". No ganó la democracia: "Ganaron ellos y perdimos 30 años, retrocedimos como sociedad y como país, pero todavía no se puede discutir el tema". Ahí está el propósito del libro, "analizar en serio lo sucedido".