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De la política a los tiros

Servetto analiza las cinco provincias entre 1973-1976 por el gobierno peronista. Rogelio Demarchi.

24 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
De la política a los tiros

La década de 1970 está definida, por más que nos duela, en el famoso lema de la revista El Caudillo : "El mejor enemigo es el enemigo muerto". Un segmento importante de aquella violencia fue protagonizada por la izquierda y la derecha del peronismo, sectores que, por igual, no creían en los procesos electorales, querían tomar el poder y eliminar políticamente a sus contrincantes.En 73/76. El gobierno peronista contra las "provincias montoneras" (Siglo XXI, 2010), Alicia Servetto analiza las cinco provincias que fueron intervenidas entre noviembre de 1973 y noviembre de 1974, en el marco de la guerra que Juan Perón desató contra la izquierda de su propio movimiento, a la que bautizó como "limpieza ideológica" y que en la práctica significó darles a las 62 Organizaciones y a la CGT el rol de vigilantes doctrinarios.Formosa, Córdoba, Mendoza, Santa Cruz y Salta (mencionadas en el orden cronológico en que sucedieron las intervenciones) parecen las cuentas de un mismo rosario. Sus gobernadores no pertenecían al peronismo revolucionario, pero todos ellos fueron acusados de "desviación ideológica" por jugar, supuestamente, a favor de la izquierda, que apoyaba condicionalmente a esos mandatarios en tanto respondieran a sus expectativas. Los vicegobernadores, por el contrario, provenían del sindicalismo y, salvo el cordobés Atilio López, militaban en la ortodoxia.Por lo tanto, como escribe Servetto a propósito de Mendoza, "el clivaje que dividía la lucha política quedó impreso en la fórmula" gubernamental y, a poco de andar, los unos entraron en guerra con los otros. En Formosa y Mendoza se intervinieron los tres poderes. En Santa Cruz, sólo el Ejecutivo, porque el Judicial y el Legislativo ya estaban en manos de la derecha. En Salta, el gobernador, varios diputados y miembros del Poder Judicial presentaron masivamente sus renuncias al Consejo Nacional del Partido Justicialista –una más de tantas irregularidades de la época–, e Isabelita respondió aceptándolas y decretando la intervención a los tres poderes. En Córdoba, la Policía y la derecha peronista protagonizaron el Navarrazo, un golpe de Estado sui géneris comandado por la policía provincial y legitimado por el Gobierno nacional, que mandó un interventor. La lucha no concluyó con las intervenciones. En septiembre de 1974, Montoneros pasaba a la clandestinidad y el ex vicegobernador cordobés Atilio López era brutalmente asesinado en Buenos Aires. El 11 de marzo de 1976, el ex gobernador salteño Miguel Ragone fue secuestrado y desde entonces figura como desaparecido.La lucha continuó porque, como señala Servetto, "se medía en términos morales: leales contra traidores, auténticos contra infiltrados". Cuando la diferencia política se traslada al campo de la moral, "la lucha pasa a ser entre el bien y el mal. El enemigo encarna los valores del mal y como tal debe ser erradicado". ¿Y por qué la moral eclipsó a la política? Según Servetto, porque "no se trató de un enfrentamiento entre dos proyectos; por el contrario, ambos sectores revelaron carecer de proyectos para orientar la acción estatal. Sus preocupaciones se limitaban a reclamar cargos y espacios de poder". Esa es la triste historia de un peronismo que tornó imposible la política.