¿Cómo combatir la desigualdad social?
Repensar la justicia social demuestra que los modelos que promueven la justicia social están en crisis. François Dubet explica por qué. Rogelio Demarchi.
La democracia no asegura la igualdad social, apenas si nos garantiza la igualdad a la hora de votar. Pero debe comprometerse a combatir la desigualdad social para que, tiempo y acciones mediante, los distintos miembros de la sociedad puedan verse y reconocerse como actores de una relativa justicia social, aunque más no sea porque resulta gratificante vivir en un medio al que no se evalúa como injusto. Hasta aquí, los modelos implementados por gobiernos de casi todo el mundo para construir la justicia social han sido dos: el modelo de la igualdad de posiciones y el modelo de la igualdad de oportunidades. Ambos tienen fortalezas y debilidades. Y ambos están, de una u otra manera, en crisis. A su estudio y contraposición se dedica el sociólogo francés François Dubet en Repensar la justicia social (Siglo XXI, 2011), presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires con una conferencia del autor. La igualdad de posiciones busca que "las distintas posiciones estén, en la estructura social, más próximas las unas de las otras, a costa de que entonces la movilidad social de los individuos no sea ya una prioridad", define Dubet. No se trata tanto de prometerle al hijo del obrero la oportunidad de ser patrón el día de mañana como de reducir la brecha que distancia al obrero del patrón. La igualdad de oportunidades, en cambio, "consiste en ofrecer a todos la posibilidad de ocupar las mejores posiciones en función de un principio meritocrático". De modo que la propuesta sería igualar en el punto de partida a sujetos que provienen de distintas posiciones sociales, que a partir de allí competirán y se distinguirán por sus propios méritos. Con razón, Dubet señala que los dos modelos son, en sí mismos, excelentes: "Tenemos todas las razones para querer vivir en una sociedad que sea a la vez relativamente igualitaria y relativamente meritocrática". Ahora bien, con gran capacidad analítica, Dubet demuestra que el modelo de la igualdad de posiciones puede ser, en la práctica, conservador, porque favorece a las clases medias que tienen una posición establecida en el campo laboral, por ejemplo, al mismo tiempo que le resulta difícil reconocer a quienes no tienen esa estabilidad (los trabajadores en negro, los indocumentados, los excluidos).En cuanto al modelo de la igualdad de oportunidades, si bien puede "definir grupos sociales en términos de discriminación y de desventajas" y obrar en consecuencia, enfrenta el problema de que las oportunidades se le otorgan al individuo, que debe movilizarse para merecerlas, dar testimonio de que quiere triunfar, etcétera, y por ende el resultado final será considerado más justo que la situación inicial; habrán ganado y mejorado de posición sólo quienes se lo merecían. ¿Hasta allí llega la responsabilidad del Estado y la sociedad respecto de la inmensa masa de los que serán catalogados como vencidos?La propuesta de Dubet es organizar un plan que ordene temporalmente la instrumentación de estos modelos. Si primero se trabaja a favor de la igualdad de posiciones, al reducir la desigualdad entre estas, más tarde será más fácil y seguro igualar las oportunidades.

