Temas del día:

Un artista imprescindible

Anthony Browne, el creador de Willy, cuenta su vida, explica el sentido de su obra, y nos enseña a mirar y a disfrutar del arte. Rogelio Demarchi.

31 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
Un artista imprescindible

La idea es sencilla y encantadora: un padre, motivado por su hijo, cuenta cómo fue su infancia, a qué jugaba, los momentos felices y los tristes de aquellos años, su paso por la escuela, la elección de una carrera universitaria y cómo llegó a ser, en el mundo de los libros ilustrados, lo que es. Él es Anthony Browne (Gran Bretaña, 1946) y el libro se llama Jugar el juego de las formas (FCE, 2011), que firma junto con su hijo, Joe Browne.Browne publicó su primer libro álbum en 1976. Ya lleva más de 40. Se leen en todo el mundo, y sus lectores no sólo son niños sino todos los adultos que giran alrededor de ellos (padres, tíos, abuelos, maestros, bibliotecarios). En 2000 obtuvo el Premio Hans Christian Andersen, considerado el Nobel de la literatura infanto-juvenil.Su estilo recupera el espíritu del surrealismo, del que le gusta reivindicar su fuerte valoración de la capacidad de asombro y de imaginación que tienen los niños. Sus historias hacen centro en el comportamiento humano. Su personaje más famoso es Willy, un chimpancé que "enfrenta la vida como un niño". (No es el único, Browne recurre a menudo a gorilas y chimpancés.) Sus ilustraciones suelen jugar con la historia del arte, a la cual le hacen múltiples guiños y homenajes (coloca cuadros dentro de sus cuadros, por ejemplo, o los recrea, lo que le acarreó varios dolores de cabeza con herederos que no entendieron la importancia del juego). Y sabe establecer una buena relación entre la imagen y la palabra: "En vez de tratar la ilustración como la mera representación visual de los eventos que describe el texto, puede haber algo en las imágenes que el texto no revela; de la misma forma, el texto puede decir cosas que no vemos en la ilustración y a veces se pueden omitir cosas en ambos. Los huecos se dejan para que los lectores los llenen con su imaginación".Entre todas las cosas interesantes que contiene esta autobiografía, se destacan tres. La primera: la manera en que cuenta, con cierta distancia, el origen de sus libros; cómo los creó; qué salió bien, mal o más o menos; cuál es el sentido de cada una de esas historias; qué relación guardan con su vida o con su observación del mundo; y no tiene problemas en reconocer si en algún proyecto el trasfondo comercial pesó más que la composición artística. La segunda: su potencia didáctica, todo el tiempo está enseñando algo; a reflexionar sobre una anécdota, a interpretar un libro, a repensar un texto clásico, a analizar un cuadro, a escribir e ilustrar un relato, a sortear los obstáculos que a menudo se enfrentan en el proceso creativo, y hasta la manera más simple y esquemática de componer un libro álbum.La tercera: las ilustraciones, por supuesto, y las fotos y recortes de periódicos del álbum familiar.Un libro exquisito para descubrir (o redescubrir) un artista imprescindible y entender la importancia de los libros ilustrados… para lectores de cualquier edad.Ficha

Jugar el juego de las formas (FCE, 2011), de Anthony Browne, es una obra imprescindible para entender la importancia de los libros ilustrados, para chicos y grandes.