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Alemanes antinazis en la Argentina

Desde que Hitler llegó al poder en 1933 y hasta después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Argentina (suele decirse) habría estado a favor del nacionalsocialismo. Rogelio Demarchi.

16 de enero de 2011 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
Alemanes antinazis en la Argentina

Desde que Hitler llegó al poder en 1933 y hasta después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Argentina (suele decirse) habría estado a favor del nacionalsocialismo; por eso nuestros gobiernos –primero Roberto Ortiz, más tarde Ramón Castillo, finalmente el régimen militar del que emergió Juan Perón– no le habrían declarado la guerra a Alemania hasta último momento. Pero de lo que no se ha hablado casi nada es de una red de alemanes antinazis que desplegó en nuestro país una importante actividad política y cultural con el objetivo de defender lo que ellos consideraban la verdadera identidad alemana. De ellos se ocupa Germán Friedmann en Alemanes antinazis en la Argentina (siglo XXI, 2010), una investigación que demuestra cómo el sector antinazi de la comunidad germanoparlante argentina se nucleó en instituciones que tuvieron un fuerte impacto en nuestra cultura. Convendría partir de un dato estadístico: si hacia 1914 había en Argentina unas 100 mil personas de habla alemana, a principios de la década de 1940 esa cantidad se había casi triplicado. Y de un dato político: si bien el nazismo intentó copar todas las organizaciones de la colectividad, encontró una resistencia muy fuerte y la oficina local del partido nazi sólo logró afiliar al tres por ciento de los nacidos en el Reich. En ese contexto, Friedmann ubica el fortalecimiento del diario Argentinisches Tageblatt , dirigido por Ernesto Alemann; la creación de los colegios Pestalozzi y Cangallo, y el relanzamiento de la legendaria Asociación Vorwärts, que a fines del siglo 19 participó en la fundación del Partido Socialista Argentino, como parte de la organización de los sectores antinazis. Pero en el centro de su trabajo coloca a la fundación, en 1937, de Das Andere Deutschland (la otra Alemania, DAD, por sus siglas en alemán), "integrada por un grupo de exiliados políticos alemanes y austríacos opositores al régimen nacionalsocialista, que pertenecían a una amplia constelación de fuerzas de izquierda, y por germanoparlantes establecidos en la Argentina de distintas extracciones políticas, sociales y religiosas".Nacida como un comité de asistencia (laboral, económica, educativa y jurídica), la cambiante situación hizo que la DAD se volviera cada vez más una organización política y que privilegiara, por lo tanto, la difusión de las atrocidades cometidas por el nazismo, de modo que fue abriendo filiales en distintos puntos del globo. Según Friedmann, "hacia el final de la guerra, había 14 agrupaciones DAD radicadas en Sudamérica –tres en Bolivia, Chile, Brasil y Paraguay, respectivamente, una en Colombia y otra en la República Oriental del Uruguay–, una en México y otra en Sudáfrica. Después de la contienda, la agrupación tuvo representantes en Nueva York, Basilea, París, Londres y Heidelberg".Construyeron esa red porque, como afirmaron en uno de sus primeros documentos, "la palabra humanidad ha sido eliminada en el Tercer Reich" y eso los obligaba a probar que había una Alemania distinta. Una Alemania, dice Friedmann, "representada como la patria tolerante, pacífica y humanista de Goethe, Lessing, Schiller y Beethoven, portadora de los valores democráticos y emancipadores de la Revolución Francesa".