La muerte sale gratis en Juárez
Cuatro camionetas negras de cristales oscuros cruzan a gran velocidad y sin detenerse en los semáforos en una de las ciudades más peligrosas.
Cuatro camionetas negras de cristales oscuros cruzan a gran velocidad y sin detenerse en los semáforos en una de las ciudades más peligrosas del mundo. En el asiento de atrás de uno de los vehículos blindados, el alcalde de Ciudad Juárez, José Reyes Ferriz, apura sus últimas horas en el cargo. En el lugar del copiloto, el jefe de la escolta maneja su rifle de asalto como si fuera un bolígrafo. Llama la atención la edad del policía. Es un tipo mayor, como de 60, uno de los pocos viejos policías que lograron superar la prueba de confianza. Al llegar a la sede municipal –situada justo enfrente de una de las fronteras de México con Estados Unidos–, un hombre aborda al alcalde para que le pague unos atrasos. Se produce un momento de tensión que media docena de guardaespaldas resuelve rodeando al político. Ya en el ascensor, Reyes Ferriz explica la situación: "Ese hombre era mi anterior jefe de policía. Según el ejército, era también líder de un grupo de sicarios. No se pudo demostrar nada, pero lo tuve que despedir". En Juárez, la sospecha envuelve la vida de los vivos y la muerte de los muertos. Un total de 2.600 asesinados en un año sin que se sepa a ciencia cierta quién los mató ni por qué. La mayoría de los caídos fueron hombres jóvenes, la fiel infantería de los carteles de la droga, vendedores de droga al por menor, sicarios de 300 euros a la semana que acabaron en la fosa común sin justicia ni memoria. Pero también murieron estudiantes con notas sobresalientes y mujeres que regresaban del trabajo y niños que acompañaban a sus padres en el momento en que el ejército y los maleantes se agarraban a tiros en cualquier esquina. Y también abogados y médicos –ya casi no quedan médicos en Ciudad Juárez– y periodistas. Como un joven fotógrafo de apenas 21 años, llamado Luis Carlos Santiago. Trabajaba en el Diario de Juárez , el mismo en el que sus compañeros llevan remeras que preguntan "¿A quién pedir justicia?" Esa es la pregunta clave. La que nadie ha respondido... hasta ahora. El alcalde Reyes Ferriz, que ya tiene las valijas preparadas para mudarse a Washington, decide responder. Y lo hace acusando directamente al gobernador del estado de Chihuahua, del que Juárez es la ciudad más poblada. A pesar de pertenecer ambos al Partido Revolucionario Institucional (PRI), el alcalde acusa al gobernador cesante, José Reyes Baeza, de mirar para otro lado."Cuando yo llegué– explica el alcalde –la policía municipal estaba infiltrada por la delincuencia. Hasta el punto de que al anterior jefe lo detuvieron cruzando a Estados Unidos con una tonelada de marihuana. Eso refleja el grado de corrupción que había. Yo limpié la institución. De los policías actuales, tres de cada cuatro fueron contratados durante mi mandato. Al resto lo tuvimos que despedir porque no superó la prueba de confianza. En los tres últimos años, detuvimos a 10.000 delincuentes con las manos en la masa y se los presentamos a la Procuraduría (la Fiscalía, que depende del gobierno del Estado). Pues bien, de esos 10.000, sólo 450 terminaron en la cárcel... La impunidad ha sido el gran problema. El gobierno estatal no trabaja, no ha metido a nadie en la cárcel. Le voy a dar un dato muy esclarecedor. Cuando yo llegué y me hice cargo de la prisión, había 3.800 reclusos. Tres años después, y a pesar de toda la violencia que azota a Juárez, hay 2.800... La Fiscalía está totalmente infiltrada por el crimen organizado. No trabaja. No encarcela a nadie. Mira para otro lado".La peor realidad posible. El alcalde completa tan graves acusaciones con ejemplos que ponen los pelos de punta. "Hace unos meses, un agente nuevo que contratamos, un muchacho muy joven, detuvo a una gente muy peligrosa, delincuentes armados que se habían robado un auto. El joven policía sacó un arma larga, los hincó en el suelo y consiguió reducirlos. Pero, en el momento de la detención, uno de ellos le dijo: "Te vamos a matar, en 48 horas estaremos afuera y te mataremos". Y, efectivamente, en 48 horas estaban fuera y poco después lo mataron. Y eso provoca una desmoralización tremenda, peligrosa..." Aun así, el alcalde confía en que el nuevo gobernador –el anterior ya terminó su mandato y se fue a vivir a Canadá– consiga de una vez reformar la Fiscalía y convertirla en un arma eficaz contra el crimen. La cuestión es si no será demasiado tarde. Juárez, que durante las últimas décadas gozó de pleno empleo gracias a la industria manufacturera, ya tiene un 20 por ciento de desempleo. La crisis se vino a aliar fatalmente con la violencia. Los barrios que ni en tiempos de vacas gordas dispusieron de luz o agua corriente, una guardería o una cancha de básquet, se están convirtiendo en la cantera inagotable de Los Aztecas o Los Artistas Asesinos, los dos grandes grupos de sicarios que trabajan para el cartel de los Carrillo o del Chapo Guzmán, que son los que se disputan el control de la ciudad fronteriza. Jóvenes que apenas fueron a la escuela se matan entre sí a la espera de que sus jefes supremos se pongan de acuerdo, de que el gobierno legalice las drogas o de que políticos de un mismo partido como Ferriz o Baeza pongan el interés de la ciudad por encima del suyo propio. Pero eso queda muy lejos. Tan lejos como Canadá o Washington.

