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“Ya no quiero que mi hijo nazca en Argentina”

Embarazada de ocho meses, con la vivienda saqueada y su marido malherido, Severina no oculta que está dolida. 

04 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
“Ya no quiero que mi hijo nazca en Argentina”

Embarazada de ocho meses, con la vivienda saqueada y su marido malherido, Severina no oculta que está dolida. Fue una de las primeras bolivianas en huir con unas pocas pertenencias de barrio Las Delicias, de Río Cuarto, tras el conflicto.Igual que una docena de familias, escapó hacia las afueras de la ciudad, a la zona de quintas y hornos de ladrillos donde viven sus paisanos. "Daba pena trasladarlos, ver cómo cargaban las cosas llorando, desesperados, ver después los chicos tirados durmiendo en colchones a la intemperie, las heladeras, televisores, todo en el suelo. Es una vergüenza", expresa y maldice Julio, un fletero. "Mi marido está muy mal, no se puede mover, tiene golpes en la cabeza, el brazo quebrado, tiene para tres meses sin trabajar. Estoy esperando que se recupere un poco para volverme con él a mi país. Es muy lamentable lo que pasó y porque los insultos y agresiones siempre van a seguir", relató Severina a este diario.La mujer, igual que más de una docena de familias bolivianas, sin tener ninguna vinculación con quienes cometieron el homicidio, se vio obligada por el miedo a dejar el barrio Las Delicias. Allí también quedaron el moisés y el coche que tenía listos para su bebé. "Seguro los necesita otra gente. Yo prefiero irme. A los chicos en la escuela les dicen: 'Ustedes son hijos de bolitas'. Y no quiero que al mío le pase eso. Es demasiada la discriminación", expresó entre lágrimas. "Como animales nos botaron del barrio. Nosotros también nos volvemos a Bolivia. Esos no tienen miedo ni a la policía, entran a los golpes. El intendente dice que nos quedemos pero ya estamos bien asustados acá. Tengo una chiquita y la mujer embarazada, tengo que cuidar a mi familia también, no quiero que mis hijos vivan ese odio", comentó Sergio, un empleado de la construcción, de 27 años.Algunos por temor vendieron sus casas, en cuestión de horas, por unos pocos pesos."La han robado y la señora estaba llorando, por miedo vendió anoche mismo la casa. La madre del chico que mataron pedía Justicia. Pero Justicia no es permiso para robar. La madre nos trató a todos de asesinos. Nosotros ya no queremos volver al barrio. Necesitamos ayuda para construir en otro lado, no sé cómo vamos a hacer porque los chicos pierden la escuela", apuntó Edwin.