“Voy a bailar porque estoy redescubriendo mis raíces”
Sandra Lafuente (26) nació en Bolivia, pero vivió en Ushuaia. Baila por primera vez para reencontrarse con sus orígenes.
Es estudiante de Trabajo Social en la UNC. Vio bailar los caporales desde que era niña, pero nunca se animó a danzar porque sus padres no se animaban. “Ahora cuando le conté a mi mamá en Ushuaia se emocionó. Está orgullosa. “Estoy redescubriendo o rearmando mis raíces. Hay parte de mi historia que estoy revisando. Bailo para mantener las costumbres de mis padres”, asegura.
Danisa es jujeña y estudiante de Abogacía en la UNC. Desde pequeña le gusta la danza andina. “Tenemos más unión con la gente de Bolivia que con la cultura cordobesa”, dice.
En los últimos años muchos estudiantes jujeños se sumaron a la fiesta. Incluso hay una agrupación de caporales universitarios. “Bailo por primera vez. Descubrí en la comunidad boliviana un mundo diferente. Es mucho más que el baile, es como una fraternidad, una hermandad”, opina.
Las “tropas”
La agrupación Caporales San Simón será la última en salir en procesión. Es que es la más nueva de todas, a pesar de que algunos de sus integrantes son veteranos bailarines.
“Se arman tropas. Vamos con un cargamento de ofrenda a la Virgen. Son 30 mujeres, con cinco niñas incluidas. La tropa de los varones va atrás: son 19”, explica Loayza. En el medio va la banda, de 18 músicos.
Cuatro personas ofician de guías, van marcando los pasos.
Mónica conoció a Alfredo, su marido oriundo de Bolivia, mientras bailaba. Sus hijos, cordobeses -Agustín (14) y Florencia (12)– bailan caporales. “Les encanta bailar, no sé si son los genes o qué. No se avergüenzan de representar una danza boliviana”, subraya Loayza.

