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Vivir en las Altas Cumbres con temperaturas de 18º bajo cero

Cómo pasan los días de nieve y heladas los habitantes de la zona más elevada de las sierras cordobesas.

21 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Fernando Agüero (Corresponsalía)
Vivir en las Altas Cumbres con temperaturas de 18º bajo cero
(LaVoz).

Villa Carlos Paz. En las Altas Cumbres, la nieve todavía se acomoda entre las piedras. El sol está más cerca y derrite de a poco el espectáculo más buscado por los turistas en los últimos días. Para los que viven aquí, el frío es parte de lo cotidiano. "Es como el casamiento, te acostumbrás", ironiza Juan, un pibe de 20 años que trabaja en el parador El Cóndor.

Marcelo Pérez (55) es alfarero. Su casa está a unos 40 kilómetros de Mina Clavero, en el camino de las Altas Cumbres. Tiene un puesto al costado de la ruta donde ofrece sus trabajos en barro cocido en horno de leña. Vive allí desde hace 20 años con su mujer, Ramona Pedernera (58), que nació en esta casa en la alta montaña y nunca se fue. La salamandra está en la cocina y es el único artefacto para calentar la vivienda. "No tenemos termómetro, pero de noche la temperatura debe andar en los 18 grados bajo cero", dice Marcelo.

Al lado de su casa, hay que bajar una escalera para ver una laguna que hace varios días que permanece con un manto de varios centímetros de hielo. "Tenemos un calefactor a gas pero no conseguimos garrafas", cuenta Ramona, quien dice cocinar en estos días comidas ricas en calorías: guisos, locro, fideos con carne para enfrentar al clima con más ímpetu. "Nos levantamos a las 8 y lo primero que hago es prender la salamandra", dice Marcelo, que agradece que el Parque Nacional Quebrada del Condorito los provea de leña para pasar el invierno. "A veces no alcanza, pero no podríamos estar acá sin leña", acota la mujer.

El agua es otro problema porque los caños se congelan. "Hace 10 días que no llega agua, tengo que ir a buscarla al tanque porque los caños están congelados", asegura el alfarero. Su esposa cuenta lo que le pasó ayer al mediodía: "Colgué la ropa y al ratito tenía como una velita de hielo, se había congelado".

No muy lejos, Ramón López (50) vive solo en una casa que heredó de sus padres en el paraje Giulio Césare. "Nunca dejé esta casa y no tengo pensado hacerlo. No es lindo cuando nieva pero estoy acostumbrado", afirma. Ramón tiene cocina a leña. Hace poco le llegó la luz eléctrica pero se calienta sólo con el fuego. "La leña no debe faltar porque si nos agarra el invierno sin ella, nos engarrotamos", relata.

Para Ramón la clave está en abrigarse, pero no tanto. "Si uno se abriga mucho y transpira yendo de aquí para allá, después vienen las enfermedades", enseña.

Las comidas del invierno de Ramón, que vive de changas y de trocar animales y carne con sus vecinos, son el puchero, los guisos y los estofados. "Me levanto temprano, a veces al vicio, pero para no estar en la cama y salgo a buscar leña", dice.