"Vivía encerrada y dormía sólo tres horas por día"
Una joven que durante seis años fue explotada sexualmente por quien sería su pareja, hoy intenta salir del horror en el Refugio para víctimas de trata de personas.
"Mi 'marido' me mandaba a trabajar y había lugares en los que me trataban mal, vivía encerrada y debía cumplir lo que me ordenaban los dueños. Sólo podía dormir tres horas por día". Hace poco más de tres meses que su vida empezó a cambiar. Durante seis años, pasó de prostíbulo en prostíbulo. Por Santa Fe, Rosario, Villa María y Santa Rosa de Río Primero. Quien la obligaba a someterse a los clientes de esos burdeles, en los que además debía vivir, era la persona de la que ella alguna vez se enamoró, en su Chaco, cuando se lo presentaron siendo aún una adolescente. Después de tener el primer bebé, él empezó a maltratarla con más periodicidad, hasta que le planteó su destino, sin preguntárselo. La llevaría a Santa Fe para prostituirla en los mismos lugares donde otros familiares de él explotaban sexualmente a más mujeres. Todas ellas habían creído que el amor de su "marido" era sincero. Luego, ante la fuerza de la realidad, se fueron dando cuenta de que ellos habían puesto en práctica más de una vez el mismo plan siniestro. Enamorar a jóvenes hasta enredarlas en las telarañas de la prostitución.Ellos, en la jerga del submundo de los tratantes de personas, son denominados así: "maridos". Son los que se encargan de llevar a las mujeres de un burdel a otro, alquilando sus cuerpos a los "fiolos" o regenteadores. Incluso, hasta ofrecen venderlas. Mercadería humana. Hoy, ella pudo escapar del infierno. Está recluida en el Refugio para víctimas de trata que tiene la provincia desde hace casi dos años, un lugar que no puede ser revelado para protección de las víctimas y de los profesionales que allí trabajan. A su lado, la acompañan Carolina, la psicóloga que la asiste, y Luciana, la coordinadora de la casa. Ellas, junto con todo un equipo, intentan que poco a poco pueda encontrar las palabras. Renacer despacio. Nerviosa, con la mirada esquiva, ella cuenta su calvario. Su antes y un después que, aunque lento, va tomando forma. "Rescato la voluntad de ella, ha demostrado mucha valentía, ha ido incorporando cosas nuevas, entendiendo otras y poniendo nombres a muchas situaciones", destaca Carolina. De esta manera, en este incipiente proceso, esta joven víctima ha empezado a comprender que lo que ella pasó, lejos está de ser normal. Golpes, traslado compulsivo de un lugar a otro, ganancias que iban a manos de un tercero, amenazas por si intentaba pedir auxilio, una realidad paralela en un mundo que está a la vista de todos. "Los clientes me veían golpeada, algunos me ofrecían ayudarme, pero no quería", agrega. Ninguno de ellos realizó una denuncia alguna vez. En los prostíbulos, vio droga y a varios policías, de civil y hasta con uniforme, tomando copas y pidiendo "pases" gratis. Pero sólo se acostaban con aquellas mujeres que no tenían "maridos", para evitar problemas, según los particulares códigos de los prostíbulos.Recién en febrero último, empujada por una mujer que también estaba en el burdel, ella se animó. Salió, caminó e hizo la denuncia. Le hicieron caso, aunque a medias. Hoy, está en el Refugio, por orden del Juzgado Federal Nº1, pero su "marido", así como el resto de los explotadores de mujeres, continúa libre en el Chaco. Él incluso tiene a su cargo a los chicos que tuvo con ella, lo que la atemoriza para emprender alguna acción en su contra.

