Una realidad que no todos quieren ver
En Córdoba, hay chicos que deambulan por los colegios sin encontrar un lugar. Mariana Otero.
En Córdoba, hay chicos que deambulan por los colegios sin encontrar un lugar. Son pibes que arrastran varios problemas que no están ligados siempre a la escuela. Entre otras dificultades, y por motivos diversos, no encajan en el molde establecido. El sistema puede ser tan perverso que una dificultad de aprendizaje –que podría tener su matriz en maltratos, abusos o abandono– puede arrojar a un niño sin retraso mental de nacimiento a una institución especial. La mala vida, con carencias o violencia, los fue discapacitando.En paralelo, la escuela común no sabe qué hacer con quienes no aprenden a leer y escribir, repiten grado de manera reiterada o tienen problemas de conducta. La desborda la realidad.Algunas maestras, entonces, sugieren a los padres que soliciten al hospital un estudio neurológico para su hijo, como primer paso para acceder a un certificado de discapacidad que les abra las puertas a una escuela especial. Los resultados no siempre determinan retraso mental, pero aun así consiguen el certificado que les permite continuar en el sistema. "Lo que se evalúa es si el niño funciona según la media, según lo que la comunidad espera que haga", admitía un profesional de la Junta Certificadora de un hospital público, entrevistado por Cerino.De esta manera, se constata que el alumno sufre "trastorno social" o "leve retraso mental". Así, los padres adquieren un pasaporte a los servicios de salud, a la asignación familiar por hijo discapacitado y a una escuela. Quizá no la que quisieran, pero una escuela al fin.En ciertos casos, los chicos encuentran un lugar que no tenían. Alguien que los mire, los atienda, los quiera y los proteja. Que los tenga en cuenta. Entonces, progresan, se alfabetizan y sanan su cascoteada autoestima. Pero cuando esto se logra, ya son grandes y es muy difícil volver a la escuela común. En otros casos, la irrupción en una escuela especial agudiza su problema y terminan desescolarizados. No hay alternativas a mitad de camino."Si te sentís rechazado, si todos te dicen que sos agresivo y que no podés, actuás de ese modo. De alguna manera, la escuela produce la patología", apuntó una directora especial de dilatada experiencia. En otras palabras, dijo, se "discapacita para integrar y eso habla de la sociedad que construimos".

