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Ciudadanos

Trampas urbanas y la eterna desidia

Postes a punto de caer, pozos sin tapar, bocas de tormenta sin protección, semáforos ondeando, lomadas escondidas, postes electrificados. En Córdoba Capital, la que se dice la segunda más importante del país, la muerte está bien escondida en espacios públicos.

27 de enero de 2022, 00:00
Trampas urbanas y la eterna desidia
Hace dos meses, un hombre por poco no muere al recibir una descarga en ese poste de barrio Jardín Espinoza. (Pedro Castillo / Archivo)

“Quiero a mi hijo y no me lo van a dar. Hagan algo para que no vuelva a morir otro chico”.

Las palabras de Santos son un mazazo. Hace unas horas, su hijo Luciano murió de una forma que cuesta explicar y asimilar: cayó fulminado en una plaza de barrio.

Traspirado, en una pausa del picado con amigos, tomó contacto con la muerte escondida en un poste que nadie supo/quiso/fue capaz de arreglar.

Va de nuevo: un chico murió en una plaza de barrio.

Parece mentira que pase el tiempo y en Córdoba Capital, esa ciudad que se proclama la segunda más importante del país y que invita al turismo con murales y cordones pintados, la muerte esté escondida en espacios públicos.

Hay cientos de trampas urbanas, algunas ocultas (lo cual no es excusa) y otras que saltan a la vista (y eso es increíble). Sobre todo a la vista de quienes tienen que solucionar y no lo hacen.

La Capital está plagada de trampas: postes a medio caer; árboles que se tumban; semáforos que ondean como banderas; zanjas mal tapadas; cráteres con agua; lomadas sin pintura; cajas de luz o de teléfono cuyas tapas volaron con alguna tormenta y nunca fueron repuestas; pozos o bocas de tormenta sin tapas en calles y plazas (fueron vandalizados y eso tampoco es excusa); y los malditos postes de alumbrado que no se arreglan hasta que es tarde.

Y nada se arregla porque las cuadrillas están en otra cosa; y los encargados de esas cuadrillas están en otra cosa; y los encargados de esos encargados también están en otra cosa.

La muerte de Luciano tuvo muchas señales previas. No las quisieron ver. Y si las vieron, no hicieron nada.

Si a alguien le interesara solucionar las trampas, se debieran “peinar” los barrios de verdad, pero no para la foto del comunity manager.

Relevar en serio, hablar con vecinos y centros vecinales, ver sus quejas, oír, tomar nota y ejecutar, hablar con las empresas de luz y de teléfono, las del cable, con la Policía, con todos. Y mandar cuadrillas a arreglar ya.

Y nada de funcionarios posando con camisas arremangadas y frentes sudorosas.