Sonia Torres: Cuando Menéndez se muera, algún represor hablará
La Abuela sostiene que, entonces, aparecerá quien dé datos sobre el destino de los nietos y dónde están los cuerpos de los desaparecidos en la última dictadura.
“Ayúdeme, general. Usted tiene los medios para hacerlo. Yo pediré a Dios mientras viva por usted (...) Se lo ruego, ayúdeme a tratar de saber en qué lugar se encuentra mi hija, si está detenida, cuál es su paradero. Sé que la razón de mi vida depende de encontrarla, deseo verla y saber que está viva. Hablarle o al menos verla un momento para poder continuar luchando con esta vida tan sin sentido que poseo, desde ese 26 de marzo de 1976”.
Las palabras pertenecen a un fragmento de la carta sin respuesta que Sonia Torres le envió el 28 de agosto de 1981 al general Luciano Benjamín Menéndez, quien fuera el mandamás en Córdoba y en buena parte del país en aquellos días de la feroz dictadura, y que hoy cumple prisión efectiva después de ser condenado a varias cadenas perpetuas por aberrantes crímenes.
Para la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo delegación Córdoba, el miedo al viejo general aún no se ha evaporado. “Tengo la convicción de que cuando muera Menéndez algún represor va a hablar y nos va a decir dónde están”, sostiene.
Esa inmensa trama de silencio que se urdió en la clandestinidad de la represión estatal se ha mantenido férrea a través de casi cuatro décadas, y no dejó que la sociedad saque a luz una respuesta para los misterios que atormentan su memoria. “Nos falta encontrar los huesitos de nuestros hijos. Es tremendo no haber tenido ni tener una tumba donde ir a llorar su ausencia”, dice.
Pasaron los años, los gobiernos, y el detalle de aquel plan sistemático de exterminio y robo de bebés sigue siendo aún el secreto mejor guardado. “Cuando volvió la democracia, pensábamos que (Raúl) Alfonsín nos iba a decir dónde estaban nuestros hijos. Pero nada dijo, entonces tuvimos la certeza de que habían sido asesinados. De todos modos, le dijimos que no íbamos a dejar de buscar hasta que no recuperáramos hasta el último de nuestros nietos. Le pedimos el banco genético y lo conseguimos. Salimos al mundo y hubo aportes de científicos de todas partes. Así llegamos al índice de abuelidad, que nos permitía identificar a través del cotejo de ADN entre abuela y nieto”, recuerda.
Carlos Menem llegó con los indultos al final de los ’80. “Al menos nos atrevimos a pedir
la creación de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). Hasta entonces la Justicia decidía si le podíamos hacer análisis a jóvenes. Yo presenté una denuncia para averiguar si un joven podía ser mi nieto, y tuve 14 años esperando que se diera la orden de hacer el análisis”, dice.
También cuenta que una vez abordó al entonces cardenal Francisco Primatesta después de una misa para pedirle por su hija. “Yo tenía dos tíos obispos y lo fui a buscar a la sacristía. Me dijo: ‘Yo no puedo hacer nada. Rece’. La Iglesia, como hoy sabemos, fue cómplice de la dictadura. El único que nos recibió entonces fue el político Regino Maders. Para algunos siempre fuimos las madres de los subversivos, y los verdaderos subversivos fueron los autores del golpe cívico militar”, afirma.
Sonia Torres sostiene que fue Néstor Kirchner quien le dio herramientas para una búsqueda más certera. “Nos permitió revisar los archivos de maternidades, cuarteles, institutos de menores que, increíblemente, hasta entonces no habíamos podido hacerlo. Él y luego Cristina nos han dado mucha contención”, sostiene.
“Siempre trabajé para todas las abuelas, no solamente para mí. Después de parir un hijo, no hay mayor emoción en la vida que restituir un nieto”. No hay dudas de que ese es el viento que ha soplado su aliento: ni por un momento Sonia Torres abandona su lucha, aunque tenga que volver a refrescar una y otra vez el dolor original, como en una conversación como esta.
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