Justicia. San Francisco: dictan fallo de adopción de una niña con hipoacusia, con lenguaje sencillo para que ella lo comprenda
El proceso incorporó intérprete, lectura sencilla y protocolos de acceso a la justicia para infancias que permitieron la participación activa de la menor.
El Juzgado de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y de Género y Penal Juvenil de San Francisco, en Córdoba, dictó una sentencia de adopción plena de una niña de 10 años con hipoacusia, TDA y retraso madurativo. Sus padres la conocían desde 2020, cuando la recibieron por primera vez como familia de acogimiento.
Lo novedoso del caso es que la audiencia tuvo lugar en un espacio adaptado para niños, niñas y adolescentes. El lugar se inauguró en diciembre de 2025 en los tribunalesde San Francisco, como un ambiente de contención para desarrollar los procesos judiciales que involucran a menores.
Además, se utilizaron protocolos de actuación para el abordaje de acceso a la justicia de personas con discapacidad y niñeces como el lenguaje claro y de lectura sencilla, que permitieron a la niña comprender y participar activamente en su sentencia.
Estos recursos de accesibilidad están impulsados por el Programa de Acceso a la Justicia de sectores en condición de vulnerabilidad (AJuV) del cual este proceso de adopción se volvió un ejemplo. La iniciativa surgió de la Oficina de Derechos Humanos y Justicia del Poder Judicial de Córdoba en 2017.
Adopción plena
El caso estuvo a cargo del juez Andrés Peretti, quien resolvió hacer lugar a la demanda de adopción plena de N.E.V. presentada por los actuales padres y consideró que era la decisión que mejor se ajustaba al interés superior de la niña debido a su integración plena y estable en el núcleo familiar.
“N. se encuentra completamente integrada al grupo familiar de sus adoptantes, donde le procuran los cuidados tendientes a satisfacer sus necesidades afectivas, espirituales y materiales, donde podrá desarrollarse en forma plena, armónica e integral, y donde ocupa el lugar de una verdadera hija”, sostuvo el magistrado en la sentencia.

Entre los fundamentos también mencionó el concepto de “socioafectividad”, uno de los fundamentos que, además de la biología, justifican que una persona que no nació en un determinado grupo familiar pueda vivir en el con el mismo estatus.
”Sentirse padre, madre o hijo/a en un proceso de adopción se define por la socioafectividad. En este caso hubo un gran esfuerzo por parte de la familia que puso su vida y disposición en N. para que ella pueda adaptarse inmediatamente y tener una vida mejor”, explicó Peretti en diálogo con La Voz.
La adopción plena fue el final de un camino que había empezado en 2020 cuando los papás recibieron a la niña por primera vez en calidad de familia de acogimiento, prosiguió con otros lapsos de convivencia y finalizó con una guarda judicial de seis meses con fines de adopción después de que fuera declarada en situación de adoptabilidad en 2024.
Durante ese tiempo a N. se le diagnosticó hipoacusia, TDA, retraso madurativo, presentaba episodios de epilepsia y se le realizaron implantes cocleares bilaterales. De acuerdo con el fallo, siempre que estuvo con sus padres recibió todos los cuidados diarios y atenciones que requiere por su edad y su salud.
El programa AJuV
Creado por acuerdo del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) el programa AJuV surgió para trabajar pautas y recomendaciones en la práctica judicial diaria vinculadas a los DDHH. La iniciativa busca crear herramientas de acceso a la justicia para trasladar las normativas y convenciones vigentes, al accionar concreto en la oficina judicial.
“Para eso generamos protocolos de actuación. Hoy tenemos uno para el abordaje de acceso a la justicia de personas con discapacidad, de niñeces, de personas mayores, diversidades sexuales y de género, y estamos creando los de acceso a la justicia de mujeres, pueblos originarios, personas migrantes y ambiente”, explicó a este medio Juan Exequiel Torre, coordinador de iniciativas del programa AJuV.


La construcción de esos protocolos es una de las principales líneas de trabajo del programa ya que no solo se convierten en material de consulta permanente, sino también en contenido obligatorio para rendir concursos y para el ingreso de nuevos empleados.
“El programa trabaja con dos ejes. El primero es que los protocolos se producen con equipos de investigación integrados por empleados o personal del Poder Judicial. No son expertos de otros lugares sino que nosotros pensamos los protocolos”, detalló Torres
Y prosiguió: “el segundo eje tiene que ver con que una vez que se plantea un primer borrador se pone en consideración de la ciudadanía. Hacemos conversatorios, mesas de trabajo, reuniones con organizaciones de cada colectivo, universidades e individuos. La ciudadanía evalúa el material y este se reedita después con las sugerencias”.
Lenguaje claro y sala adaptada
La edad siempre requiere una adaptación o comunicación facilitada en los procesos judiciales, pero para N. también había que sumar otras adecuaciones propias de sus condiciones de discapacidad que le dificultaban la comunicación.
“Creímos que lo mejor era que la intérprete con la que N. había generado un vínculo era la mejor para ser el nexo entre nosotros. Ella hacía la traducción permanente de lo que yo decía y de lo que N. quería preguntarme. Si usaba el mismo sistema que utilizo con niños sin los padecimientos de N., el mensaje no iba a llegar”, contó el juez.

Además, en este proceso el lenguaje claro tuvo una instancia aún más profunda que la habitual. En los procesos judiciales al momento de resolver el Juez entra en su despacho solo con su secretario/a, pero en este caso no se cumplió ese procedimiento.
“Pensé que sentarme a escribir una sentencia sin tener en cuenta cómo comunicárselo a N. no tenía sentido. Por eso permití que también ingresará conmigo la intérprete y le pedí que redactáramos juntos la parte de la lectura sencilla, para que la sentencia también tuviera efecto en la niña”, explicó.

En esta adopción también se aplicó el uso de una sala de audiencias adaptada para las infancias y pensada para facilitar su participación en los procesos judiciales. El lugar, ubicado en la sede de tribunales de San Francisco, es un espacio accesible y exclusivo para los chicos.
“Nos dimos cuenta que era necesario un espacio distinto al que teníamos y lo fuimos desarrollando para que sea un ambiente seguro. No tiene mesas con ángulo sino para chicos, no hay enchufes a la vista, se pintó con colores amables y tienen cuadernillos para pintar creados por artistas que trabajan en la Justicia”, cerró Peretti.



