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Si se sufre un ACV, el tiempo es oro

Llegar a un centro de alta complejidad antes de las seis horas posibilita recibir un tratamiento más efectivo. Algunos de los signos de alerta son: pérdida de conciencia, dificultad para expresarse, parálisis o debilidad en la mitad del cuerpo.

21 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Si se sufre un ACV, el tiempo es oro

Ante síntomas que pueden estar alertando que una persona está sufriendo un accidente cerebrovascular (ACV), llegar sin demora a un centro de alta complejidad para recibir tratamiento es esencial para salvar la vida y prevenir secuelas que pueden ser permanentes (ver Qué hacer para no llegar al ACV). Hoy, en general, se sabe que ante un dolor fuerte en el pecho que hace sospechar de un infarto, debe ir a un hospital para ser tratado en forma inmediata y minimizar así las consecuencias del ataque cardíaco (ver Los síntomas).Sin embargo, no hay en general la misma conciencia sobre la necesidad de no perder tiempo ante un ACV, a pesar de que, como enfatizan los médicos, "tiempo es cerebro". Por qué se producen. Un accidente cerebrovascular ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo a una parte del cerebro, debido a que un vaso sanguíneo se obstruye o se rompe. En el primer caso se trata de un ACV isquémico, y en el segundo, hemorrágico. Si la circulación sanguínea se detiene durante más de unos pocos segundos, el cerebro deja de recibir sangre y oxígeno, con lo cual el tejido cerebral puede sufrir deterioro de sus funciones o morir. Como consecuencia, puede haber daño permanente o incluso ocurrir la muerte de la persona. Demasiado frecuentes. En la Argentina se producen alrededor de 100 mil accidentes cerebrovasculares por año, y unas 25 mil muertes por esa causa, según informa el médico Gustavo Foa Torres, experto en neurorradiología intervencionista del Instituto Oulton. En Córdoba, oscilarían entre 2.500 y tres mil al año. Y si bien es más probable que ocurran en adultos mayores, también pueden afectar a personas jóvenes.El músico Gustavo Cerati, sin ir más lejos, fue víctima de un ACV en mayo del año pasado, del que nunca se recuperó. "Actualmente son la tercera causa de mortalidad en el mundo desarrollado y la primera de invalidez, sólo sobrepasado en nuestro medio por los accidentes de tránsito", advierte el neurorradiólogo.Del total de ACV, a su vez, el 85 por ciento son isquémicos. "Pueden producirse por un coágulo que se desprende desde el corazón o las arterias del cuello, por un trombo que se forma en la red de las arterias, o por una lesión en ellas espontáneo o producto de un trauma", explica Foa Torres. Cómo se tratan Lo importante es que si este tipo de ACV se diagnostica en forma temprana, existen alternativas de tratamiento efectivas para evitar que las células cerebrales dejen de ser viables o mueran. Por distintas vías, todas apuntan al mismo objetivo: restablecer rápidamente la circulación sanguínea al tejido cerebral. "Las opciones se basan en la administración de medicamentos que disuelven los coágulos, o bien en la aplicación de herramientas similares a las que se usan en cardiología para restablecer la circulación en las coronarias, como lo es la angioplastia, para abrir la luz de la arteria", señala el experto.En el caso de los fármacos, la forma de recuperar al paciente es disolver la obstrucción con drogas trombolíticas, que se pueden administrar por vía endovenosa o intraarterial.La opción "mecánica", por otra parte, consiste en un cateterismo que, en el caso de la angioplastia, rompe y desagrega el tejido que causa la obstrucción de la arteria. Al igual que en las coronarias, a veces se emplean stents, o sea mallas metálicas en forma tubular sobre las paredes de la arteria afectada."Otras herramientas más nuevas se basan en dispositivos que permiten aspirar el coágulo y retirarlo de la arteria, como si fuera un sacacorcho", indica el neurorradiólogo.Ambos tipos de procedimientos implican el uso de catéteres que se hacen ingresar al organismo por la arteria femoral (ubicada en la ingle) y se "navega" hasta las arterias del cerebro afectadas, bajo control angiográfico o radioscópico. Seis horas es el límite. Pero aunque los distintos tratamientos disponibles son efectivos, el problema es que sólo pueden emplearse dentro un rango de tiempo acotado. "Seis horas desde el inicio de los síntomas es el último tiempo del que disponemos para el tratamiento", advierte el experto, quien precisa que ese es el período en el que pueden hacerse angioplastias o administrarse medicamentos trombolíticos por vía intraarterial.Para las drogas endovenosas, en cambio, la "ventana" es aún menor: tres horas."Por eso es clave que la consulta sea inmediata, el diagnóstico precoz, y que el tratamiento se realice en forma rápida", indica Foa Torres.Para lograrlo, enfatiza Carlos Rubio, jefe de la Unidad de Stroke de la Clínica Vélez Sársfield, "es fundamental que la población sepa que existen estos tratamientos, y que tiene que buscar ayuda sin pérdida de tiempo ante síntomas neurológicos"."El 'tiempo asistencial' se gana con las unidades de stroke, pero es esencial alertar a la población para ganar también el 'tiempo del paciente'", asegura.