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Las vacunas no son sólo cosa de chicos

Aunque los adultos creen que ya no las necesitan, algunas se deben seguir aplicando después de la adolescencia.

05 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Las vacunas no son sólo cosa de chicos

La idea que predomina en el colectivo imaginario es que las vacunas son, casi exclusivamente, una necesidad para proteger a los niños de una serie de enfermedades que pueden afectarlos en forma severa y contra las que no tienen defensas.

De hecho, pocos son los que cuestionan el esquema obligatorio de inmunizaciones y, en general, aunque las coberturas de vacunación a veces no sean las óptimas en el país, la mayoría de los niños recibe las vacunas que necesitan.

Sin embargo, esta conciencia (bien alimentada por los pediatras) comienza a decaer cuando los chicos llegan a la adolescencia y se pierde casi totalmente en la adultez, a pesar de la irreemplazable función que cumplen las vacunas en la prevención de enfermedades.

"Después de la introducción del agua potable y de las sales de rehidratación oral, el uso de las vacunas es el tercer escalón en la historia de la medicina en la prevención de enfermedades", asegura el infectólogo Ernesto Jakob, titular de la cátedra de Infectología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba. Y asegura que, a su criterio, así como en los niños "la vacunación es obligatoria y, por lo tanto, compulsiva, también debería serlo en los adultos".

Y es que si bien hay vacunas que otorgan inmunidad de por vida al ser aplicadas en la niñez, muchas otras necesitan repetirse en forma periódica en la edad adulta para seguir teniendo efectividad.

El tétanos sigue acechando

Sandra Belfiore, del área de inmunizaciones en la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de Córdoba, explica que la principal vacuna que deberían aplicarse todos los adultos es la doble adultos, que inmuniza contra el tétanos y la difteria, y que sólo una minoría de la población tiene al día, a pesar de que todos estamos en riesgo de sufrir un corte o una pequeña herida por la que pueden ingresar las peligrosas esporas de la bacteria Clostridium tetani , que viven en el suelo.

El tétanos es una enfermedad muy grave, que tiene una alta tasa de mortalidad y que es prevenible con una vacuna gratuita que está disponible en todos los vacunatorios. "Pero, a pesar de eso, todos los años sigue habiendo casos y muertes porque las personas no están inmunizadas. Y eso es una picardía", advierte Belfiore.

"La difteria, a su vez, sigue siendo una enfermedad que puede reemerger, y es una patología gravísima y muy contagiosa", señala la médica.

No obstante, Belfiore alerta que después de los 16 años (edad a la que se aplica la última dosis obligatoria) la vacunación se discontinúa.

Así, aunque es difícil medir la cobertura, la estimación de Epidemiología es que sólo alrededor del 28 por ciento de los adultos tendría hoy inmunidad contra el tétanos y la difteria.

La consecuencia de esto es la aparición, casi todos los años, de casos de tétanos en Córdoba. "Entre 2006 y 2009 hubo seis casos (dos de ellos el año pasado), de los cuales cuatro terminaron en fallecimientos", precisa.

Pinchazos necesarios. Otra vacuna que deben seguirse poniendo todos los adultos hasta los 40 años, según explica la médica, es la doble viral, contra el sarampión y la rubéola.

"Esta vacuna, si bien protege al adulto de contraer esas enfermedades, es necesaria a nivel comunitario, para prevenir el síndrome de rubéola congénita en los recién nacidos, que tiene consecuencias muy graves en los bebés. La inmunización de los adultos es necesaria porque la mitad de los casos cursa sin síntomas y así se contagian las embarazadas", señala.

Jakob subraya, además, la importancia de que los adultos se apliquen la vacuna contra la hepatitis B, enfermedad que se transmite a través de la sangre y las relaciones sexuales, que desde 2001 se coloca a los recién nacidos, y, desde 2007, también a los chicos entre los 11 y los 15 años, y luego requiere un refuerzo cada 10 años. Esta vacuna, en general, se la aplican los integrantes del equipo de salud, hemodializados, y también las trabajadoras sexuales, pero no es frecuente en la población general, aunque también está expuesta a contraerla.

El embarazo, para el infectólogo, es una buena oportunidad para completar el esquema. "En este período están muy recomendadas la vacuna antigripal, la de la hepatitis B y la doble adultos", enfatiza.

Para esquivar la neumonía. Para Jakob hay, a su vez, otras dos vacunas cuya aplicación debería ser más frecuente entre los adultos: la antigripal (que debe repetirse todos los años) y la antineumocóccica. Esta última se coloca cada cinco años y previene de las complicaciones que causa la bacteria neumococo en infecciones respiratorias, y en particular las neumonías.

La vacuna antigripal, en opinión del infectólogo, debería generalizarse y no ser sólo para los grupos de riesgo, y a la antineumocóccica deberían recibirla los mayores de 65 años y los grupos de riesgo, integrados por personas con asma, enfermedades respiratorias y cardíacas, diabetes y enfermedad hepática crónica, e inmunosuprimidos.

Esta vacuna, según informa Belfiore, se aplica en forma gratuita en los vacunatorios oficiales a personas con factores de riesgo y sin cobertura social.

"En este tema, la cuestión se resume en lo siguiente: no se discute la efectividad de las vacunas. El problema es enseñarle a la gente que se tiene que seguir vacunando", concluye Jakob.