"En salud no puede haber diferencias"
Para Aldo Neri, ex ministro de Salud de la Nación, el país aún no está maduro para una reforma profunda del sistema sanitario.
Aldo Neri comenzó su carrera como médico rural, después siguió la ruta del sanitarismo y fue el ministro de Salud de la Nación de Raúl Alfonsín. En diálogo con La Voz del Interior delineó su visión sobre la actual situación sanitaria del país.
-¿Cuál es su diagnóstico del sistema de salud hoy?
-El sistema de salud no es una excepción y acompaña el deterioro de las instituciones sociales. Además, el Estado son las provincias que son las que hoy llevan adelante la gestión de salud, con todas sus "desparejeces", valga el neologismo. Porque la Nación sólo lo hace en rubros muy específicos.
-¿Usted plantea entonces que no hay un sólo sistema de salud, sino muchos?
-Claro, y es lo mismo que pasa en educación. Si se toma el presupuesto por chico en Chubut, Salta o Buenos Aires, son tres cifras que no tienen nada que ver. Y es igual en salud: hay un deterioro por la deserción paulatina del Estado, y una menor cobertura del sistema de obras sociales, que mientras en los \'80 cubría a más del 70 por ciento de la población, hoy a gatas llega al 50 por ciento.
El Estado, pese a todo
-En ese contexto, la demanda recae en el hospital público...
-Eso es histórico en la Argentina: a pesar del deterioro, el sector público subsidia al sistema de obras sociales en servicios, no en dinero, desde su mismo nacimiento. Además, el Estado, o sea las provincias y algunas ciudades, son las que bancan los "malos negocios" de la medicina: los pacientes crónicos, trasplantes y también las situaciones de emergencia, como se vio con claridad en 2002. Pero son cuestiones estructurales. Porque en el país hay un conservadurismo frente a la posibilidad de reforma del sistema de salud, que no es atribuible a un solo gobierno. Hay una continuidad, aunque hubo excepciones que hay que rescatar. Hubo un intento peronista en los \'70, con el proyecto de Sistema Nacional Integrado de Salud, que los radicales apoyamos. Y el intento radical de los \'80 con el Seguro Nacional de Salud que tendía al mismo objetivo: democratizar el servicio de salud y hacerlo más eficiente.
-¿El sistema integrado sigue siendo la vía para terminar con la fragmentación?
-En parte, porque el camino es más complejo ya que las provincias tienen un peso muy grande de su presupuesto en salud, porque se les tiraron los hospitales sin un correlato presupuestario y coparticipativo adecuado.
Federalismo y equidad
-¿Cuál es su opinión sobre el federalismo en la salud?
-Tenemos pendiente una discusión sobre el federalismo, pero sobre el federalismo real, que no quiere decir que seamos 24 países, porque somos un solo país pero con unas asimetrías terribles. Una cosa es un sistema unitario, y otra un sistema fragmentado y anárquico. Una cosa es un sistema nacional, con criterios homogéneos, para evitar las inequidades y las asimetrías, y otra cosa es manejar todo desde Buenos Aires...
-¿Y cuál es el camino?
-En salud, como en otras áreas, hay que discutir la coparticipación en base a una distribución inteligente de competencias: lo que le corresponde a la Nación, a las provincias y a los municipios. Pero también hay que pensar en normas redistributivas que tengan cierta uniformidad: no puede ser que los recursos financieros en salud y educación sean tan distintos.
-¿Tiene remedio el sistema de salud argentino?
-Sí, pero yo creo que depende de una rediscusión de qué sociedad queremos, y de una visión más integral de la política social. Lo que hay que rediscutir es universalidad e igualdad, estos dos principios son fundamentales. En salud y educación no se puede aceptar ninguna forma de diferencia en calidad de servicio, que sí se puede dar en otros ámbitos, siempre que haya un básico. Pero la salud y la educación condicionan tanto las oportunidades de vida, que allí no se pueden aceptar.

