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Villa de Soto: la Fiesta del Inmigrante honró a los pioneros

La 9ª edición conjugó el crisol de razas con bailes y comidas típicas. Un encuentro popular que reunió a miles de vecinos y visitantes bajo la noche estrellada.

22 de enero de 2012 a las 01:35 p. m.
José Hernández (Corresponsalía)
Villa de Soto: la Fiesta del Inmigrante honró a los pioneros
VILLA DE SOTO. El evento reunió a miles de asistentes, entre vecinos y visitantes (Gentileza Renata Fernández).

Esta región del noroeste provincial que recibió un siglo atrás una catarata de inmigrantes de todos los países, que poblaron y cimentaron parajes, comunas y localidades, recordó hasta hoy a la madrugada a sus pioneros y ancestros.

La 9º Fiesta del Inmigrante de Villa de Soto reunió a miles de asistentes, entre vecinos y visitantes, que colmaron hasta la calle aledaña con sus sillas y mesas ante un predio rebosante de alegría y una noche estrellada que incitó a los recuerdos y más de una nostalgia.

Las colectividades con sus danzas tradicionales coparon el escenario, mientras las comidas típicas de distintos países atraparon a los asistentes con sus sabores árabes, italianos, españoles, mexicanos y hasta brasileros, con el agregado de las nacionales nacidas de esta peculiar mixtura.

Porque las mesas bien servidas reflejaron en buena parte los recuerdos de países más allá de los mares quizá no conocidos, solo relatados por los pioneros que fueron padres y abuelos de muchos los presentes locales, que con el laboreo de la tierra y sus comercios trajeron el perfume y tonada de sus lugares de origen.

Así se mezclaron la presencia de la nutrida colectividad árabe, “los turcos” que se aquerenciaron en estos paisajes.

Los “gringos” y los “gallegos” que labraron la tierra, y a tantos otros que se emparentaron en un crisol de razas con marca de fuego en los apellidos, el color de la piel y el lejano acento, entremezclados con los descendientes de los dueños del paisaje originario. Más de uno se deslumbraron por algunos ojos criollos y formaron sus familias.

La fiesta rescató esos valores intangibles que marcan la auténtica idiosincrasia local y regional.

Un solo número musical bastó para el cierre. Las Valijas y su cantar riojano inundaron el aire para reflejar esa unión no declamada.

La Posta. Quizá el ejemplo palpable que la fiesta no tuvo dueños, más allá de la organización municipal solo en algunos aspectos, fue el lugar elegido para celebrarla: La Posta de San Roque.  El amplio predio, dotado de escenario y amplias instalaciones para la elaboración de comidas contó con más de veinte puestos para todos los gustos.

Las cuestiones pasan que son cedidas gratuitamente a los vecinos, como fue el carácter también del acceso al evento, para que sean explotadas, como una fuente más de ingresos para la población.A toda música. Por su parte tanto en Ciénaga del Coro, en Minas, y en Alto de Los Quebrachos en Cruz del Eje, la música y el canto salieron a poblar la noche festivalera del noroeste.

En Ciénaga se celebró el 18º Festival del Reencuentro y en Alto de Los Quebrachos la 9º Fiesta Regional del Cabrito.