Tres mil motoqueros del país se reunieron en Calamuchita
El encuentro juntó a fanáticos de las dos ruedas. El precio de los rodados varía desde los tres mil pesos a los 35 mil dólares.
Santa Rosa de Calamuchita. Siete hombres montados a cuatro motos de calle de gran cilindrada ingresan al predio y son recibidos con saludos afectuosos y abrazos. Promedian los 50 años y alcanzaron la moto soñada. "Esto es, sobre todo, una fiesta de reencuentro con amigos de años", apuntó Daniel Escudero (48), quien recorrió 700 kilómetros para estar en Santa Rosa de Calamuchita en el Tercer Motofest. Durante el fin de semana, las rutas del valle tomaron el color de la diversidad de motos que poblaron la zona. En el escenario, rock. Chalecos, cadenas y tatuajes. Motos de tres mil pesos o máquinas de 35 mil dólares. Charlas interminables. Los códigos muy marcados pueden percibirse apenas uno pone un pie en el evento motoquero. ¿Qué une a estas personas de diferentes lugares, edades y condiciones socioeconómicas? La pasión que sintieron al subir a una moto por primera vez y que nunca más abandonaron. Es lo que responden todos. Más de tres mil motociclistas de distintas provincias e incluso de otros países sudamericanos se congregaron para alimentar esta "hermandad", tal como la definió Olaf, organizador y miembro de la agrupación Sin Cadenas. "Es difícil de explicar, es una pasión, una hermandad muy fuerte", apuntó el hombre, quien dijo que a los 16 años tuvo su primer rodado, corrió carreras y sólo bajó un cambio cuando sus niños fueron pequeños, para luego subirse definitivamente a su moto. Sábado a la noche, suena la Mississippi en el escenario del balneario Santa Rita, un grupo emblema de los motoqueros. "Esto es como estar en Disneylandia", bromea de uno de ellos y disfruta del espacio donde las diferencias desaparecen.
Los protagonistas
Fernando Villarroel (50). "Agrandé el living de mi casa para guardar mi moto", reveló el hombre, que viajó 1.200 kilómetros en soledad, desde Neuquén. "Esta pasión la heredé de mi madre, que no tuvo las posibilidades de hacerlo, pero que cumplió el sueño de viajar en moto, conmigo, a los 65 años", contó. Rescató la amistad y el compañerismo que se construye entre los motoqueros.
Rodolfo (52) y Darío (29) Hinsch. Padre e hijo, oriundos de Santa Rosa de Calamuchita, recorren entre tres y cuatro mil kilómetros por año para ir a encuentros de motoqueros. Ataviados de manera similar, con chalecos de jean, comparten la pasión desde que Darío era un niño y viajaba aferrado a su papá. "Es otra forma de vida, se combina pasión, fierros y amigos", opino Hinsch padre. "Rescato el compartir el mismo sentimiento y conocer gente de todos lados", añadió su hijo.
Angelo Gruner (27). El alemán fue una de las atracciones de la fiesta, al que nadie dejó de admirar. Desde su país, embarcó su BMW modelo 45 adaptada hasta Chile y lleva recorridos miles de kilómetros por Uruguay, Bolivia y Argentina. Seguirá hacia el sur hasta que el frío se torne insostenible y luego conocerá Paraguay. En su rodado, con tanque para 45 litros de combustible, lleva la carpa y lo necesario para seis meses más de viaje.

