Redactan textos y después los leen
Los alumnos, incentivados por los docentes, escriben avisos, cartas y vivencias, con lo que armaron pequeños cuadernillos.
Con las carencias que sufren en El Chingolo III, es casi un milagro que alguien llegue a las siete de la tarde con ganas de ir a la escuela. La actitud docente es de gran ayuda. Se percibe en las clases de folklore, mezclado con cuarteto (al fin y al cabo, también es folklore cordobés). O en la forma de atraer a los alumnos al cálculo y a las letras. Mientras los números son imprescindibles, porque hay que ir al quiosco o a la farmacia, los libros no están presentes ni parecen ser tan necesarios en un barrio urbano marginal. Pero la palabra sí lo es. Aplicando teorías lingüísticas, María Isabel Pioletti los animó a redactar avisos, cartas y vivencias, y a leerlos en voz alta. Cualquiera tiene algo que ofrecer, pedir o contar. Así fueron armando pequeños cuadernillos, abrochados con un gancho o perforados y atados con un hilo. Descubrir "Ellos solos fueron descubriendo el gusto por hacer carteles con leyendas o indicaciones", observa la maestra. Luego empezó a traer novelas breves, como El libro de la selva , El nombre secreto , El mago de los caminos o Ganas de tener miedo , y se encontró con que les gustaba reflexionar sobre lo leído. Una experiencia doblemente valiosa, toda vez que se desarrolla entre personas a las que, en muchos casos, "nunca nadie les había leído algo".

