¡Prometeme que me gusta!
¡Qué lindos son los meses previos a las campañas electorales! Los gobernantes surcan la ciudad de punta a punta para sacarse fotos con las grandes maquinarias viales trabajando. Diego Marconetti.
¡Qué lindos son los meses previos a las campañas electorales! Los gobernantes surcan la ciudad de punta a punta para sacarse fotos con las grandes maquinarias viales trabajando. Los candidatos desparraman promesas de más y más obras, ilusionando con el pujante futuro que le espera a la ciudad si ellos son elegidos por su tremenda capacidad para resolver los problemas que aquejan a los vecinos. Pero pasan las campañas, los gobernadores e intendentes se van, con ellos las máquinas que trabajaban por toda la ciudad, sin importar que dejen en el abandono zanjas abiertas, montañas de tierra o que apenas falten unos metros para finalizar una obra. Lo importante era dejar una imagen de trabajo, de que eso que se veía se llamaba progreso.No importa habilitar multimillonarios edificios mal construidos, inaugurar unos metros de una necesaria avenida o iniciar una construcción a sabiendas de que no hay plata para finalizarla. Entonces llegan los sucesores y se encuentran con que no pueden continuar los trabajos, que terminan paralizándose. Y empiezan las promesas, repromesas y recontrapromesas de retomar las obras. Será el mes que viene; no, tal vez el otro. O a esta altura mejor queda decir que será a fin de año. ¿Ejemplos? En la ciudad de Córdoba, sobran. Al puente de Villa Warcalde, a la Ricardo Rojas y a la costanera del Canal Maestro se pueden sumar la nueva Terminal de Ómnibus, el Centro Cívico, la avenida 11 de Septiembre, la recuperación de las costas del río Suquía, el Portal de Güemes, el Parque Las Heras, el cierre de Circunvalación, el Ferrourbano, la avenida Spilimbergo, los viaductos de Alta Córdoba... y la lista puede seguir. El año que viene hay elecciones. En una de esas, algunas de estas obras se terminan y otras se anuncien. Total... prometeme que me gusta.

