Temas del día:

Por qué comemos tan mal, y por qué nos gusta tanto

La mayoría de los ­cordobeses tenemos ­sobrepeso, comemos mal y somos sedentarios. Por eso no hay Fiesta de la Lechuga o Milanesa de Soja Fest.

11 de octubre de 2015 a las 12:11 a. m.
Por qué comemos tan mal, y por qué nos gusta tanto

La última Fiesta del Cabrito aún corre por mis venas. Literalmente. Las membranas de cada célula de aquella porción de dorada costilla, acompañada de papas fritas crocantes, quedaron varadas en el torrente sanguíneo y pugnan por estrechar varias arterias. La Fiesta de la Bagna Cauda, en cambio, me dejó en la cavidad bucal una serie de bacterias cuya fetidez activó una halitosis no desactivable. Desde entonces, cuesta conseguir novia.La Fiesta del Lechón Adobado, a su vez, motivó la ingesta de un tierno matambre a la parrilla cuyas purinas derivaron en varios litros de ácido úrico que todavía no deciden si formar un cálculo renal o provocar gota.Ahora me espera la Fiesta del Salame en Colonia Caroya, evento ante cuya sola mención mis vasos sanguíneos empiezan a temblar. O, mejor dicho, se están ejercitando para que el ACV (accidente cerebro vascular) no los tome tan desprevenidos. Pan y carne No es una gran novedad, pero sí una penosa confirmación: dos estudios –uno del Centro de Almaceneros y otro de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo– muestran que la mayoría de los cordobeses, como casi todos los argentinos, tenemos sobrepeso, comemos mal y somos sedentarios. Hermosa combinación para colapsar varios sistema de salud. Quizá por eso no haya en el país demasiados eventos como la Fiesta de la Lechuga, el Festival de la Berenjena o la Milanesa de Soja Fest. Tampoco un encuentro gourmet de la Sopa de Verdura. Serían muy saludables, pero más aburridos que organizar una Feria Provincial de la Hamburguesa de Lenteja, por más condimentos que le metan.La obviedad esa de que "somos lo que comemos" no es tan descabellada. La comida –su ingesta– está muy relacionada con nuestra forma de vida, con el trato que nos damos a nosotros mismos y a los demás. Se nos hace difícil pensar que si fumamos como chimenea no sólo nos dañamos nosotros, sino a todos los que nos rodean –desde el ser más cercano que nos deberá cuidar cuando enfermemos, hasta los recursos públicos y privados que nos destinarán, en vez de ser usados para algo más útil.Esa escasa valoración de nosotros mismos podría traspolarse a lo poco que nos importa lo que hagan con nuestra ciudad, nuestra provincia o nuestro país, aquellos que elegimos para que velen por eso. Pero esa es otra historia.En fin: el año que viene intentaremos ser más sanos. Hay que apoyar eventos como la Fiesta Nacional de la Alfalfa, que cada marzo se realiza en el pueblo de San Basilio, en el sur cordobés. No veo la hora de estar ahí para pedir una porción del maravilloso costillar a la llama, con esos jugos y ese chimi que harían que Zeus escupiera su insulsa ambrosía.