Por el valor ético de la cultura democrática
Congratulaciones para Vargas Llosa, nacido en Arequipa hace poco más de siete décadas. Reyna Carranza.
Congratulaciones para este escritor nacido en Arequipa hace poco más de siete décadas. Educado en colegios religiosos y alumno de la secundaria en el Colegio Militar Leoncio Prado, Vargas Llosa, como casi todos los intelectuales de su generación, estaba llamado a convertirse en un hombre de izquierda, años de fervor revolucionario en el cono sur del continente americano. ¿Y por qué señalo esto antes que sus méritos literarios? Porque como ningún otro enhebró su derrotero de escritor al del intelectual comprometido con el destino de estos países, transformándose en un caso paradigmático, objeto de reflexión y análisis en tiempos que él mismo define de “moral degradada por la codicia, forma terrible de la incultura”.
Luego de vincularse estrechamente con las causas de la liberación latinoamericana, y declararse admirador de la revolución cubana, alrededor de 1980, publica en la revista Interviú de Madrid ese artículo que petardeó los cimientos de una ideología al declarar que, según su criterio, aquella teoría no funcionó, y que sólo sirvió para que millares de jóvenes que la adoptaron y pretendieron llevarla a la práctica se sacrificaran trágicamente, y permitieran que sus países cayeran en manos de despiadadas dictaduras militares. Sostuvo que la revolución armada no era una opción viable para el mejoramiento de las condiciones sociales en América Latina, y que la justicia social solo podría alcanzarse mediante reformas graduales en el contexto de la democracia. Consideración que hoy convendría repasar con detenimiento, teniendo en cuenta ciertos intentos de vuelta al pasado que se agitan por nuestro continente.
A partir de entonces, Vargas Llosa se confesó enemigo acérrimo del autoritarismo en todas sus formas, rasgo que caracteriza a los regímenes de derecha, y se mostró cada vez más interesado por lograr las condiciones de una democracia efectiva, sobre todo por los valores éticos que caracterizan a la cultura democrática. El vuelco en su pensamiento político y social se refleja en las novelas La guerra del fin del mundo, e Historias de Mayta.
Dueño de un lenguaje y una técnica literaria admirables, creador de un paisaje humano y geográfico desbordante, con mayor o menor acierto, todas sus novelas provocan un alto placer estético.

