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Patas arriba, una marca registrada de la empresa

De modo inexplicable, un coche de Tamse “desca­rriló” y quedó virtualmente patas arriba, con el chasis por un lado, el tren trasero por el otro y un saldo de 46 heridos. Rubén Curto.

29 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Patas arriba, una marca registrada de la empresa

De modo inexplicable, un coche de Tamse "desca­rriló" y quedó virtualmente patas arriba, con el chasis por un lado, el tren trasero por el otro y un saldo de 46 heridos. La crónica del accidente de ayer puede representar el mejor símbolo de lo que ha sido y es la empresa municipal de transporte, que en sus nueve años de vida nunca pudo lograr un andar estable, lejos de los escándalos que la envuelven cada dos por tres.A diferencia de las privadas Coniferal y Ciudad de Córdoba, que cada tanto saltan a la tapa de los diarios por los pedidos de aumento de tarifa de sus directivos o una protesta de choferes, Tamse es abonada a los noticieros y no precisamente porque se destaque en su performance .Bajo los distintos signos políticos que la administraron, siempre se las arregló para batir récords de ineficiencia, traducidos en pérdidas económicas, pero también sociales, como refleja la cosecha de muertes en la vía pública que sus choferes siguen engordando.Tamse nació a las apuradas, creció huérfana y sigue a los tumbos. Su déficit ya llegó a cifras redondas y de las grandes (100 millones de pesos al año), lo mismo que su demanda de subsidios. Tiene choferes en exceso, carpetas médicas que superan por lejos lo razonable, una flota renovada que de manera inexplicable demanda enormes gastos de mantenimiento... y la lista puede seguir al infinito, en el rubro que se desee comparar.Con ese desmanejo como telón de fondo, no sorprende que coches pierdan ruedas a mitad de camino, que un chofer sea sancionado por haber bebido alcohol o que una unidad se dé vuelta como si nada. En el mundo Tamse, hay lugar para todas las sorpresas.