Tecnología. Pantallas, ansiedad y apuestas "online": el debate que llega a las escuelas de Córdoba
Territorio Digital trabaja con estudiantes y docentes sobre ciudadanía digital, dependencia del celular, desinformación, juego online y algoritmos. La iniciativa parte de una señal concreta: desde 2021 crecieron las asistencias escolares vinculadas a salud mental.
La vida digital de los adolescentes dejó de ser un asunto reducido al tiempo de uso del celular. En las escuelas de Córdoba, el tema empieza a aparecer asociado a preocupaciones más amplias: ansiedad, apuestas online, desinformación, conflictos en redes sociales, exposición de datos personales y formas de vínculo atravesadas por plataformas y algoritmos.
En ese escenario se inscribe Territorio Digital: ¿Quién tiene el control?, un proyecto educativo que en 2026 tendrá una nueva edición en instituciones cordobesas. La propuesta busca que estudiantes y docentes investiguen, debatan y diseñen intervenciones concretas sobre problemas que ya forman parte de la vida cotidiana dentro y fuera del aula.
El proyecto es impulsado por Comfye en la Educación, una línea de trabajo de Comfye Córdoba SA, una organización vinculada desde hace más de dos décadas a la atención médica ante accidentes escolares. Según datos de la entidad, actualmente brinda cobertura a más de 80 mil alumnos de más de 100 instituciones educativas de la provincia.
Pero el punto de partida no fue estrictamente tecnológico, sino sanitario y escolar. Desde la organización señalaron que, desde 2021, las atenciones vinculadas a salud mental crecieron cerca del 185%, con más presencia de crisis nerviosas, ataques de pánico y manifestaciones agudas en el ámbito educativo.

Más que pantallas
“La mirada hacia lo digital nace, en realidad, de una preocupación por la salud mental adolescente”, explicó Iara Rivero Matías, directora pedagógica de Comfye. La especialista aclaró que el planteo no busca atribuir de manera directa esos malestares a las pantallas, sino comprender cómo la experiencia digital incide en formas previas de angustia, ansiedad o aislamiento.
Rivero Matías sostuvo que el problema no debe leerse como algo provocado exclusivamente por los dispositivos, sino por el modo en que chicos y chicas habitan ese territorio digital. “Es algo que los atraviesa y que empieza a darle forma a un malestar adolescente que existió siempre”, planteó.

Esa definición ordena uno de los ejes del programa: mirar lo digital como un espacio donde también ocurren conflictos, vínculos, consumos y experiencias emocionales. Desde esa perspectiva, el debate no se agota en si los adolescentes usan mucho o poco el celular.
Tampoco se limita a una respuesta basada sólo en la prohibición. La propuesta apunta a trabajar sobre hábitos, diseño de plataformas, datos personales, consumo de información, apuestas online y formas de participación ciudadana.
Para Rivero Matías, los adolescentes no separan de manera tajante la vida presencial de la digital. En ambos espacios les ocurren cosas que les importan, los afectan y pueden modificar sus vínculos. Lo que sucede en redes, chats, videojuegos o plataformas no queda necesariamente fuera de la escuela.

Cinco ejes de trabajo
La primera edición de Territorio Digital se desarrolló durante 2025 y abordó tres problemáticas: dependencia digital, desinformación digital y juego problemático online. La modalidad incluyó talleres, investigaciones, encuestas y proyectos diseñados por estudiantes para sus propias comunidades educativas.
Esa experiencia fue declarada de Interés Educativo por la Secretaría de Innovación, Desarrollo Profesional y Tecnologías en Educación del Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba, mediante la Resolución 04/2026.
Para la edición 2026, la propuesta sumará dos ejes nuevos: Cuidar en la era digital y Gobernanza algorítmica. El primero aborda el rol de los adultos, la mediación familiar y escolar, y las formas de cuidado en internet. El segundo busca que los estudiantes comprendan cómo funcionan los algoritmos, de qué manera ordenan la información y cómo condicionan aquello que cada usuario ve, consume o comparte.
La incorporación de la gobernanza algorítmica amplía el debate. Ya no se trata sólo de promover hábitos individuales más saludables, sino de analizar cómo están diseñadas las plataformas que capturan la atención, recopilan datos y personalizan contenidos.
“Más allá de lo que cada individuo puede hacer para mitigar el daño, hay un diseño que atrapa, que captura y que recopila datos para personalizar el feed”, advirtió Rivero Matías. Según la pedagoga, esa dimensión también obliga a discutir cómo afecta el ecosistema digital a la formación ciudadana y a la vida democrática.
El celular como síntoma
En el trabajo con estudiantes, una de las preocupaciones más reconocidas fue la dependencia del teléfono. Según Rivero Matías, muchos adolescentes identificaron ese apego como un problema visible y cercano, incluso antes que otros riesgos más abstractos.
“La mayoría eligió dependencia: ese apego excesivo al teléfono. Quizá es el síntoma que reconocen con más claridad”, señaló. A partir de ese diagnóstico, surgieron propuestas de intervención dentro de las escuelas, como recreos sin pantalla, ludotecas y espacios para recuperar actividades presenciales durante los descansos.
Algunas iniciativas fueron impulsadas por centros de estudiantes. En ciertos casos, los alumnos propusieron sistemas de canje, como entregar equipos de mate a cambio de dejar el celular durante el recreo. En otros, diseñaron juegos y salas de escape para advertir a cursos más chicos sobre los riesgos de las apuestas online.
“Se entusiasmaron mucho con el problema”, indicó Rivero Matías. Para la directora pedagógica, parte de esa respuesta se explica porque los adolescentes encontraron que la escuela abordaba una preocupación que los atraviesa de manera directa.

La escuela frente al territorio digital
El impacto del proyecto en Córdoba también se relaciona con el lugar que ocupa la escuela frente a estos temas. La discusión sobre pantallas suele quedar concentrada en las familias, pero las instituciones educativas reciben a diario sus consecuencias: conflictos derivados de redes sociales, dificultades de atención, problemas de descanso, consumos de riesgo o exposición a contenidos dañinos.
Rivero Matías planteó que la currícula todavía tiene dificultades para incorporar estas dimensiones con la velocidad que exige el escenario digital. Sin embargo, defendió el papel de la escuela como un espacio posible para construir una mirada crítica.
“No hay otro espacio físico donde los chicos se sienten con un adulto que medie y miren juntos un objeto para preguntarse: ‘¿Qué es esto? ¿Cómo funciona?’”, afirmó. En ese enfoque, la escuela no aparece sólo como receptora de problemas, sino como un ámbito para elaborar preguntas compartidas.
Como parte de la campaña de sensibilización, el proyecto realizó una intervención urbana en Córdoba con la entrega de cookies en la vía pública, junto con el emprendimiento local Mandala Cakes. La acción partió de un gesto cotidiano: aceptar una galleta gratis para abrir una conversación sobre qué significa aceptar cookies en internet.
La actividad buscó traducir una cuestión técnica en una experiencia concreta. A partir de esa escena, se habló de datos personales, consentimiento, rastreo, hábitos digitales y decisiones que muchas veces se toman de manera automática frente a una pantalla.
La edición 2026 de Territorio Digital se presentó en Córdoba el 20 de abril, en un encuentro virtual destinado a directivos, representantes legales y referentes institucionales. La convocatoria busca sumar nuevas escuelas a una agenda que combina educación, salud integral y ciudadanía digital.
El desafío que plantea el proyecto excede a una organización o a un concurso escolar. La pregunta de fondo es más amplia: cómo acompañar a chicos y chicas en un territorio digital que organiza vínculos, consumos, información y malestares, y qué lugar debe ocupar la escuela en esa conversación.





