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"Nunca le pedí mucho a la vida y ella me dio todo"

Hugo Forestieri, legendario saxofonista, se confiesa feliz y agradecido. Con 60 años en la música, asegura que otra vez elegiría hacer lo mismo.

21 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
"Nunca le pedí mucho a la vida y ella me dio todo"

Así como mi viejo nombraba uno por uno y sin pausa de respiración a "Los Carasucias" de San Lorenzo de Almagro, Hugo Forestieri recuerda, de corrido, a los integrantes de su primer conjunto de música: Chico Novarro, Armando Aranjuelo, Nicolás Oliva, Rubén Mercado, Eduardo Recchia, Tato Pilone, Juan García y Rubén Boneto. Con la Orquesta Argentina de Jazz (nombre con el que bautizó a esa formación) debutó en el desaparecido Hotel Crillón, de la ciudad de Córdoba, el 3 de noviembre de 1951. "Fue durante la presentación de un libro", recuerda el saxofonista nacido en Alta Córdoba "hace una pila de años" y que está a un paso de cumplir seis décadas de intensa vida artística. El repertorio elegido para su noche de estreno arrancó con Inn the mood (De buen humor), el éxito de Glenn Miller que sonaba entonces en todas las radios. –¿Cuándo despertó su pasión por la música? –Tenía 12 ó 13 años y escuché a unos chicos tocar música y me enamoré para siempre. Empecé a estudiar con el maestro (Vicente) Chimino. Elegí el saxo porque él me dijo que con un instrumento de viento iba a tener más porvenir. – ¿Tuvo el apoyo de su familia en la elección? –Mi papá quería que fuera comerciante. Él tenía una sastrería grande en San Martín 165, en el famoso pasaje Muñoz. Cuando le comuniqué mi decisión, me dijo que iba ser duro vivir de la música, pero me compró el primer saxo... ¡Fue un tipo fuera de serie!Se refiere a Vicente Forestieri. El sastre tiene una cita destacada en la historia de los barrios de Córdoba. En 1933, implementó una singular promoción en su negocio. A cada comprador de un esmoquin o traje de etiqueta de 49 pesos o más, le regalaba un terreno de 300 metros cuadrados en el lote de 120 hectáreas de su propiedad, ubicado en la zona sur de la ciudad de Córdoba, a la vera del camino a Alta Gracia. Ese año vendió unos 3.000 trajes. Así nació Villa Forestieri, que en 1950, año del centenario de la muerte de José de San Martín, fue rebautizada como Villa El Libertador. La calle principal y una escuela de la populosa barriada llevan el nombre de su promotor."Él confeccionaba los trajes que lucíamos en la orquesta. Utilizaba colores y diseños muy llamativos", cuenta el saxofonista con destino de leyenda. –¿Es cierto que su orquesta marcaba la frontera de los bailes populares hasta donde se permitía llegar la clase media, cuando irrumpió en Córdoba la música de cuartetos? –Daniel Salzano hizo esa deducción alguna vez. Es probable que él viera cosas que a mí se me pasaban por alto. Pero es cierto que cuando surgió el cuarteto, la diferencia de su público con el nuestro era notable. –Salzano confesó que soñaba con tocar en su orquesta cuando fuera grande. –Con Salzano me pasó algo fantástico. Estaba haciendo la temporada en el casino de Termas de Río Hondo (donde trabajé durante 24 años) y me acercaron un diario La Voz del Interior . Él me había citado en un relato. Decía que deseaba con locura escuchar de nuevo, interpretado por mí, el pasodoble español En er mundo (sic). –¿Le dio con el gusto? –Hace como siete años, ensayé el tema varios días y cuando estuvo listo lo grabé en un estudio acá en Córdoba. Después, lo llamé a Salzano y le dije que tenía algo para darle. Nos juntamos a tomar un café en el Winsor y le entregué el CD ¡Casi estira las patas de la alegría! Ese día lo conocí personalmente. Durante la charla, recordamos, con nostalgia, un montón de cosas lindas. –¿Como cuáles? –Me contó que para escucharme probar sonidos en Redes Cordobesas se subía a un árbol. Después inflaba globos para que la comisión directiva del club lo dejara pasar gratis al baile. También me dijo que mi pose para tocar el saxo le hacía recordar a la de un boxeador de peso gallo (remata con una carcajada). Ilustre ciudadanoEn 1998, el Concejo Deliberante de Córdoba declaró a Hugo Forestieri "Ciudadano ilustre". En los fundamentos del proyecto de ordenanza se destaca que su legajo artístico llevaba asentadas, hasta ese momento, más de 7.500 actuaciones. Redes Cordobesas, Atenas, Balneario Shore (en la Recta Martinoli), el Pasatiempo (de Bettini) y el Club 9 de Julio (en Vieytes 663, barrio Alberdi) fueron los salones donde el músico popular hizo furor. También el Pilsen Bar, el Bar Splendid, el Cabildo Park, El Dorado y El Ciervo ofrecían a su orquesta como plato fuerte durante los '60. "El secreto de mi bienestar es que nunca le pedí mucho a la vida y ella me dio todo", reflexiona mientras bebe el último sorbo de café, ya frío, sentado a la mesa del bar céntrico que frecuenta casi a diario. Marta Brito, dueña del reducto, recuerda que conoció a Forestieri en 1956. Fue en un baile de carnaval que animó en 'El Parquecito', un pequeño bosque de eucaliptus junto a la ex Cervecería Río Segundo. Ella fue con su papá. Tenía 5 años."Si alguien, allá arriba, me preguntara qué me gustaría ser si pudiera volver a la tierra, le diría que músico, sin dudarlo", sentencia Forestieri. –¿Por qué lo elegiría otra vez? –Porque aprendí que cuando alguien se juega por lo que ama seguramente logra el mayor objetivo al que se puede aspirar en la vida: ser feliz.A los 80 y pico, Forestieri sigue a paso firme por el camino que inició a los 14 años cuando debutó en la orquesta de Tito Tejada. Y como entonces, derrocha alegría.