No te escapes del “default” pescando en el Suquía
–No es el agua, Cacho, sino lo que trae. No le quiero arruinar la pesca, pero el río baja demasiado turbio como para comerse los bagres.
-¿De qué se ríe?, Cacho.
–Ando en default selectivo... Debo en la sodería y el almacén, pero estoy al día en la carnicería.
–No bromee. Me parece que nos vamos al descenso otra vez y no es para tomarlo en broma, Cachito.
–A ver: no creo que la gente como nosotros entienda de qué se trata este lío. Sólo nos dicen que los yanquis, con ese juez con cara de haber tomado té de ruda, son los malos de la película. Pero, ¿nos cambia algo esta novela?
–Bueno, Cacho, todos alertan que vamos a seguir tan mal como ahora, pero un poco peor. Se lo traduzco: los fideos y el porrón van a estar más caros, la luz puede cortarse más seguido y los dólares que usted quiere para que su hija viaje a Disney no van a ser fácil de conseguir. Ni le cuento si quiere sacar un crédito, se lo comen los intereses.
–Yo le tenía fe al pibe de las patillas. Al ministro.
–Muy tiernito, Cacho. Mandamos a un gallito a limpiar la jaula de los lobos. Siempre perdemos y nos hundimos un poquito más.
–Cada diez años, ¿no?
–Más o menos, Cacho. Me acuerdo del Rodrigazo, de la circular de Cavallo, del plan Primavera, del plazo fijo que me sacó Erman González, de la híper. Cada tanto nos embocan.
–Cómo estamos, eh. No le parece que un fin de semana merece empezarlo con mejor onda. Mejor ver pasar la crisis con una parrillita al lado y la caña de pescar. Vamos al río y nos olvidamos por algunas horas, dejamos un poco de ver noticieros y de pensar en las cuentas que nos van a llegar.
–No estaría mal, Cacho. ¿Adónde vamos?
–Siempre me gustó un codito que hace el río pasando Capilla de los Remedios. Es tranquilo, hay sombra y nadie cobra como en las sierras para estacionar en la orilla.
–Otra vez me está embromando, Cacho. ¿No leyó el diario?
–No me diga que no hay agua, si llovió como nunca. Entre febrero y abril parecía que estábamos en Macondo.
–No es el agua, Cacho, sino lo que trae. No le quiero arruinar la pesca, pero el río baja demasiado turbio como para comerse los bagres que se enganchen.
–¿Turbio?, me dice.
–Bueno, Cacho, es una forma elegante de decir que baja con mucha, pero mucha caca por el Suquía, que ya sale espeso desde el paredón del dique, pero se termina de ensuciar en el este de la ciudad.
–No me diga que la gente hace popó en el río.
–No, Cacho, eso era cuando salíamos en carpa. Acá se trata de algo muy grave. Una bomba sanitaria, digamos. La mitad de las cloacas van directo al agua sin tratar.
–Ah, entonces chau, bagres. Pero, ¿y si vamos a dar una vuelta en bondi?

