No recuerda haber matado a sus hijos
La mujer sólo declaró, en la primera audiencia, que es epiléptica y que no tiene presente lo que pasó la noche del doble homicidio, ocurrido en diciembre de 2010.
Villa María. El inicio del juicio oral por el doble homicidio que habría cometido una madre contra sus dos pequeños hijos –de 7 meses uno y de 5 años el otro– abrió la puerta a un trasfondo de situaciones familiares y personales en las que se cruzan acusaciones de violencia doméstica previa, cuadros de salud mental no resueltos y antecedentes de tragedias familiares no superadas. La acusada del doble homicidio agravado por el vínculo es María Soledad Oliva Paradella (29), quien, según la imputación, la madrugada del 16 de diciembre de 2010 le cortó el cuello a sus hijos con una cuchilla de cocina mientras dormían, en su casa de Villa Nueva. El juicio se lleva adelante en la Cámara del Crimen de Villa María con la participación de un jurado popular.En su presentación ante el tribunal, la imputada se abstuvo de declarar. Sólo dijo que era "epiléptica" y que cuando le agarraban "los ataques" perdía la conciencia y la memoria de lo que hacía.Por lectura se incorporó su testimonio durante la instrucción, en el que dijo que la noche previa al homicidio no había podido dormir y se sentía atormentada por el recuerdo de la muerte de su hermano mayor, atropellado por un camión dos décadas atrás, y que el 15 de ese mes de diciembre hubiera cumplido 34 años.Por la misma vía se supo que había declarado que su padre se emborrachaba y la golpeaba a ella y a su madre tras la muerte del hermano Cruces. Eduardo Oliva, padre de la imputada, negó ante el tribunal ser violento y que tomara alcohol en exceso. Se definió como una persona rígida y exigente con la conducta de sus hijos, pero dijo que nunca los agredió físicamente. Dijo que la enfermedad de su hija era "incurable" y por eso "no había que dejarla sola" porque tenía "reacciones fuera de lugar". Responsabilizó a su yerno, Fabián Lozano, por irse a trabajar esa mañana a pesar que ella había advertido que tomaría una medida drástica.También lo acusó de haber alejado a su hija de las prácticas religiosas evangélicas y bautizarla católica. "Favoreció el desarrollo de una personalidad que no tenía", sugirió.Oliva admitió que tras el asesinato de sus nietos, las relaciones familiares se resquebrajaron aún más, se divorció de su esposa y perdió contacto con parte de sus parientes. Antes que ingresara a declarar, su hija (la imputada) pidió retirarse de la sala para no verlo.Otro testimonio relevante fue el de María Teresa Paradella, madre de la acusada, quien relató inconvenientes producidos en el parto de su hija. Allí estaría el origen de una lesión cerebral, causa de convulsiones y pérdida del conocimiento que aún persisten. Dijo que los médicos le decían que todavía no era fecha de parición, pero que ella insistió en que debía nacer, por lo que fue parto inducido.Coincidió con su hija al señalar a su esposo como una persona que la agredía física y verbalmente. Y defendió la actitud de su yerno en acompañar a su hija en esta etapa.Según sus padres, la imputada fue tratada siempre por las convulsiones y requiere medicación a diario, al punto que toma "unas siete u ocho pastillas por día". Relataron que desde pequeña tuvo problemas y le costó retener lo que estudiaba, por lo que abandonó la escuela. Coincidieron en que por su condición no podía asumir la rutina de madre y siempre le ayudaban con la crianza de los hijos, pero que ninguno se explica cómo fue posible que llegara a matarlos de esa manera.Finalmente, Fabián Lozano, esposo de la imputada, dijo que su mujer "no es una asesina; está enferma". Declaró que pensó en divorciarse tras los homicidios, pero luego retomó la relación. También dijo que encontró en la religión un refugio..La serie de testimonios, con sus puntos en común y divergencias, dejó entrever muy poco de cómo y por qué ocurrieron los hechos aquella madrugada en Villa Nueva.

