"No anden solas": una mirada crítica sobre el viral del chofer tras la denuncia de abuso en el Kempes
La buena noticia del día en los medios es el mensaje de concientización de un conductor a sus pasajeros, luego de una denuncia de violación. Nos cuidemos entre todos, recomienda. Pero también da el consejo que tantas veces hemos escuchado las mujeres.
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“Tengan cuidado chicas, no anden solas”, dice
. Es su acción, su aporte, ante la impotencia y el sentimiento de desprotección que generan
en horario diurno, en una zona que no es de tránsito peatonal masivo, pero que tampoco puede considerarse aislada.
Una pasajera filma el mensaje que incluye, entre otros, ese consejo del chofer y el discurso se viraliza. Y se vuelve contenido social, contenido al que la gente adhiere y comparte. Acompañan el repost o el retuit con elogios hacia la actitud del trabajador del volante que, de manera proactiva, asume una actitud que para muchos es de protección. La protección que aparentemente faltaba, lo cual dio explicación a un caso de violencia.
La conducta del hombre parece reconfortar a buena parte de la sociedad. Y recibe también elogios de profesionales de los medios de comunicación, quienes ayudan a amplificar sus palabras.
“No anden solas”, dice el hombre. El consejo, que parece de sentido común para muchos, vuelve otra vez la responsabilidad a las víctimas por las terribles cosas que les suceden. “No anden solas”. Cuántas veces nos dijeron eso quienes nos aman, quienes nos educaron, quienes se sentían responsables por nuestra seguridad.
Y en esa actitud, de intención amorosa, reforzaban el mandato de imponer la desconfianza a la libertad, de limitar horarios, circuitos, iniciativas, planes.
“No anden solas”. Anden con sus hermanos, con sus amigos. Podría traducirse también en “tengan con quien ir o no anden”.
Si trabajan de día y solo les queda la noche para hacer otra actividad fuera de casa, piénsenlo. O tengan con quien ir. No anden solas.
Si se levantan de madrugada en invierno para trabajar, piénsenlo. O tengan con quien ir. O elijan sólo los circuitos plenamente iluminados de nuestra ciudad. No anden solas.
Si no hay miles de potenciales testigos por donde andan, no anden solas. O no anden.
“No anden solas”. O en otras palabras: “Están solas”. No las acompañan las estructuras de seguridad, la planificación del Estado, las estrategias sociales de prevención.
“No anden solas”. Dice un hombre con la mejor intención. Todos lo aplauden y comparten sus palabras.
Es la buena noticia del día.
Y, en ese aplauso, nos sentimos solas.

