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Necesitamos espacios de encuentro

“Los chicos ya no leen” es una frase que escucho desde hace más de 25 años. María Teresa Andruetto.

24 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
María Teresa Andruetto (Escritora)
Necesitamos espacios de encuentro

"Los chicos ya no leen" es una frase que escucho desde hace más de 25 años. Sin embargo, los números dicen que crece exponencialmente el campo de los libros para niños en nuestro país, tanto en el volumen de edición como en la cantidad de títulos, la aparición de nuevas editoriales, espacios de formación y librerías especializadas, por lo que debemos pensar que esos libros que se producen y venden, también se leen. Buena parte del desarrollo de la literatura para niños en nuestro país ha sido motorizada por formadores, especialistas y centros surgidos a partir del retorno democrático (asociaciones privadas, instituciones estatales y en estos últimos años también muchos espacios ganados en diversas universidades) por los que pasaron docentes que consideran la construcción de lectores como una tarea exigente, refinada y persistente.Debemos también considerar como factores centrales de este crecimiento los diversos programas oficiales relacionados con la lectura y especialmente la selección y compra de libros que el Estado hace para escuelas y bibliotecas públicas del país, a lo que podemos sumar el trabajo de autores y editoriales y muy especialmente el crecimiento de la conciencia docente en lo que respecta a la lectura. Más intervención del Estado, más formación de docentes, más interés en los adultos sobre la importancia de la lectura en los niños..., marcan una tendencia constante en el incremento de la industria, los lectores e incluso el acceso al libro. Qué falta. El año pasado fueron 3368 los títulos, la cantidad de ejemplares ascendió a 15.649.258 y el 34,2 por ciento del total de lo editado estuvo destinado al lector infantil, sin olvidar que los niños ocupan un espacio de mayor visibilidad y en esa línea las editoriales han descubierto que no es mal negocio editar para ellos. Si tenemos todo esto, ¿qué nos falta? Nos falta crecer –y mucho– en la distribución de recursos (dotación de libros y formación de mediadores), mayor distribución en éste como en tantos otros recursos sociales, ya que son muy desiguales las posibilidades de acceso según sean las condiciones sociales, económicas, culturales, históricas, geográficas... El trabajo en torno a la lectura es central para una sociedad, está profundamente atravesado por la educación, la cultura, el mercado y el consumo, pero es –desde luego– un trabajo y una cuestión política.¿Qué ciudadanos queremos? ¿qué lectores pretendemos? Experiencia íntima a la vez que práctica social, la lectura exige de quienes trabajamos en esto, cabal conciencia del poder que tenemos a la hora de generar espacios de encuentro entre personas (en este caso personas en formación) y libros. Conciencia de que el lugar de quien media –y el profesional docente es el mediador por excelencia– nunca es neutro y por lo tanto debe empoderarse, debe convertirse en sujeto de sus elecciones, trabajar sobre sí hasta ser él mismo una persona atravesada por la transformadora experiencia de la lectura.