La muerte, apenas el último eslabón
Ese miedo que lo rodea todo y que hace que el estar en este mundo tenga el pesar cotidiano que ningún ser humano, por ser humano, debe atravesar. Laura Leonelli Morey.
Vivir con miedo. Miedo a salir de casa. A juntarse con amigas. A estar con la familia. Miedo a llegar tarde al hogar. A salir sola del hogar. Miedo a que desconfíen. A provocar celos. Miedo a decir lo inadecuado. A vestirse de alguna forma que no sea la "apropiada". Miedo a pedir ayuda. A romper el silencio. A denunciar. Miedo a no tener cómo alimentar a los hijos. Miedo a sufrir otra vez esa descarga incontrolable de furia, de gritos, de golpes. Miedo a no seguir viviendo. Miedo a que los chicos se queden sin madre. Vivir con miedo en el mismo hogar con la persona que amenaza, que descalifica, que inmoviliza, que corrompe la autoestima, que aniquila las posibilidades de eso que supone la libertad del ser humano: elegir. En eso transcurre la vida de muchas de las más de 200 mujeres que murieron en Argentina en 2012, 15 de ellas cordobesas. También de las miles que se animan, que rompen el silencio y que acuden a la Justicia en búsqueda de un poco de tranquilidad, de un nuevo comienzo. Aunque muchas veces una denuncia y una orden de restricción no logren cumplir la ilusión de una nueva oportunidad. Y también de otras miles que nunca conformarán una cifra porque nunca buscarán ayuda. Ellas seguirán sufriendo ese silencio de presente cruel y de futuro con potencial desenlace fatal.Las mujeres que mueren víctimas de femicidios no sólo sufren en ese último tramo de su existencia la fuerza de los puñetazos, el ardor de las balas, el dolor de las puñaladas, las quemaduras de las llamas que apagarán sus vidas por siempre y que dejarán huérfanos a cientos de niños. Antes del desenlace, sufren durante meses, años, agresiones verbales y físicas. Pero también ese miedo que lo rodea todo y que hace que el estar en este mundo tenga el pesar cotidiano que ningún ser humano, por ser humano, debe atravesar.

