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"Mi anhelo es que no haya más chicos maltratados"

Es odontóloga, tiene 69 años y desde 1999 preside la Asociación de Amigos del Hospital Pediátrico. Para juntar fondos, hasta hizo de naranjita.

17 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
Rosana Guerra.
"Mi anhelo es que no haya más chicos maltratados"

Confiesa que su actitud solidaria le viene de su mamá que, justamente, se llamaba igual que ella. Ambas tuvieron afinidad con las artes de la curación. Aunque su madre sólo pudo terminar la primaria, era la ayudante del médico de Villa Ana, un pequeño pueblo en la provincia de Santa Fe. Como hija eligió la odontología de profesión y, gracias al apoyo incondicional de su familia, pudo terminar sus estudios en la Universidad Nacional de Córdoba. Su elegancia al caminar, cuando ingresa por el gran pasillo del hospital, podría confundirla con un pasado como modelo, pero la sobriedad de sus palabras y su mirada anuncian su estilo parco y sencillo."Yo no trabajo para dar el ejemplo, lo hago porque me sale de adentro. Y esta es la gracia, la dicha está en dar lo mejor de mí para hacer todo lo que hago en este hospital que es mi casa", asegura emocionada. Una de las primeras acciones solidarias que hizo fue en su adolescencia, cuando estudiaba en el liceo de señoritas en Santa Fe. "Siempre teníamos gente inundada cuando el río Salado crecía y veíamos con mis compañeros de secundaria que una y otra vez volvían a construir sus casas en el mismo lugar donde se les inundaba", relata. Los ladrillos en miniatura fueron su forma de ayudar a esas familias a reconstruir sus viviendas. "De adolescente trabajé para Emaús, una asociación de la Iglesia Católica. Vendíamos ladrillos de papel en miniatura a todos los vecinos", relata entusiasmada. Emilia es la número 11 de 12 hermanos y cuenta que, cuando vino a estudiar odontología a Córdoba, se sintió como "desmadrada", pues para una mujer, alejarse de su familia para su formación universitaria, por aquellos años, era una rareza evidente. Se casó y tuvo cuatro hijos, pero su actitud solidaria siguió perenne. Su primer lugar de trabajo fue el mismo Hospital Pediátrico y sus muros la conquistaron. "Cuando se cerró en 1999, nos trasladaron en forma compulsiva al Hospital de Niños y sentimos que nos echaron de nuestra propia casa. Estuvo cerrado nueve meses y muchos decidimos volver al hospital", rememora.Su regreso fue una prueba de templanza y determinación. "Estaba casi vacío. Con la Asociación trabajamos duro, para ver si podíamos ayudar a levantarlo de nuevo. Empezamos con 10 camas y ahora tenemos 74, 12 de UTI, seis de mediana complejidad  y 50 generales", señala orgullosa.Es jefa del Servicio de Odontología, pero esa profesión no la limitó en su rol específico y como buena gestora de recursos hizo de todo, hasta hacer de "naranjita". "Nos pusimos el chaleco anaranjado y nos fuimos a las playas de estacionamiento en el (estadio) Chateau, para recolectar dinero para el hospital", relata.Emilia cumple 70 en pocos meses y confiesa que uno de sus anhelos es que no haya más chicos maltratados ni mujeres que se drogan. "Me gustaría que la gente cambie. Estoy convencida de que trabajamos para la dignidad del ser, porque todo concluye en el amor al ser humano. Siento la satisfacción que se experimenta cuando uno tiene la certeza de haber cumplido la labor", finaliza. Propuestas. Todos los lunes, se publicará la entrevista "Uno Suma", sobre personas comprometidas en tareas solidarias. La Voz del Interior habilitó la casilla de correo [email protected] para que envíen propuestas de personas que trabajen en una institución y se destaque por su trayectoria solidarias. También se puede llamar al (0351) 475-7243.