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Menos regalos a "la seño", pero con mucho cariño

Donde hay iniciativa, el obsequio es grupal. Cunde más lo individual y pequeño, como una plantita o bufanda tejida a mano.

11 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Menos regalos a "la seño", pero con mucho cariño

"Hoy debería ser el día del plantín", sonrió una maestra de barrio Altamira. Y agregó: "Pero así, de a poco, me hice un jardín". La rima brotó feliz y espontánea, y sus compañeras la aplaudieron. Contra la pared de la secretaría se acumulaban plantines y macetas, recordando que septiembre es mes de pizarrones, delantales y primaveras. Ayer las maestras festejaron su día con actos en los que a menudo se juntaron ambos turnos, para ahorrar tiempo y recursos. Como es costumbre, varios establecimientos aprovecharon para celebrar a una docente en particular, por su jubilación u otro motivo especial. Tal el caso de la Escuela Manuel Belgrano, que ayer homenajeó a la querida Hilda Ramaciotti. Todo cambia, todo sigue. En general, hay coincidencia en que "los tiempos han cambiado, y mucho". Los presentes son una expresión de esos cambios, y no dependen exclusivamente de lo económico. "Uy, me olvidé de traerle algo, a la 'seño'", se avergonzó una niña de impecable guardapolvo blanco. "No te preocupes, yo tampoco le traje", le contestó una compañera. "¿Ve? A eso nos referíamos", señaló la portera del colegio en barrio Vélez Sársfield. "Si las nenas se olvidaron, es porque en la casa ya no registran estas efemérides". "No hay comparación posible, con el pasado. Yo todavía tengo cosas que me regalaron cuando enseñaba en el Patricias Mendocinas, y eso que la Villa El Libertador nunca hubo poder adquisitivo", admite Erica D., con 50 años de edad y 22 de docente. Pero, lejos de quejarse, acaricia la bufanda a dos agujas que le tejió una mamá del primario "Elpidio Torres", en barrio Smata. Hecho en casa. "Hay mucho regalito casero, lo cual es una gran satisfacción, porque significa que la comunidad nos tiene en cuenta", resume Susana Lemos, directora del República de Siria, en Parque Atlántica. Como todos los años, Susana se esmeró para que el plantel docente sintiera que éste es "su" día. Que los chicos, y los padres de éstos, hagan acto de presencia y cariño. En otra zona de Córdoba, una maestra de barrio Los Olmos dio rienda suelta a su emoción, al recibir un budín peruano cuidadosamente envuelto en papel metalizado. Un regalo colectivo, para el cual cada madre había puesto un ingrediente. Monederitos, llaveritos, pañuelitos y bijouterie competían ayer con los pimpollos. "Sólo nos hemos permitido sugerir que traigan especies para plantar", aclaró Erica. "Hay padres que tienen viveros o son floricultores, y a eso se debe a la persistencia en rosas o claveles, pero las flores se marchitan pronto". Cuestión de bolsillo. Aunque el presupuesto incide en el producto final, la conducta no varía sustancialmente. Maestras del 25 de Mayo, del Alejandro Carbó y de Villa Urquiza coincidieron en que, "donde hay madres con iniciativa, y las familias se conocen y relacionan, prospera el regalo comunitario". Esta costumbre se acentúa cada año, y consiste en sondear a la docente, para ver "qué necesita". Finalmente se elige una prenda, o un par de zapatos. Para nuestra mediana sorpresa, muchas piden un libro de regalo. Si es que se puede hablar de una tendencia, podría decirse que la época en que los colegios privados llegaron a regalar un viaje o una joya, quedó definitivamente atrás. Hoy, esos presentes son excepcionales. Otra, que los docentes de materias especiales lleguen a "ligar" algo, aunque también es su día. Pero todos, absolutamente, reconocen que el mejor regalo es una sonrisa en el rostro de sus alumnos.