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Los más grandes son la voz que los más pequeños no tienen

Miedo, estigma, vergüenza y falta de confianza en las autoridades son algunas de las causas que contribuyen a sedimentar el silencio de la víctima. Laura Leonelli.

10 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los más grandes son la voz que los más pequeños no tienen

El miedo, el estigma, la vergüenza, la falta de confianza en las autoridades y hasta la naturalización de la violencia son todas causas que contribuyen a sedimentar el silencio de la víctima y la complicidad del hogar e impedir la visibilización de una cantidad inconmensurable de hechos de abuso sexual.

Justamente, el total de víctimas atendidas en el Consejo Provincial de la Mujer es apenas una muestra de la verdadera magnitud oculta del problema. No son pocos los que callan, y los que buscan ayuda en otras instituciones, en especial, si el bolsillo lo permite, en consultorios privados, esos que en el imaginario social suponen mayor sigilo y confidencialidad que lo público. Una inmensa cantidad de hechos permanecen y permanecerán ocultos porque la gran mayoría de víctimas cuenta sus años de edad con los dedos de dos y una sola mano. Así, a pesar de que no abarca la totalidad de la problemática, los números del Consejo sí muestran características que permanecen constantes a través de los años: la víctima no suele superar la mayoría de edad y el victimario suele pertenecer al círculo íntimo de la misma. Vale recordar que el 71 por ciento del total de personas atendidas por el Consejo es menor de edad (44 por ciento menor de 10 años). Pequeños y pequeñas, niños y niñas, adolescentes que vivirán “consecuencias a corto y largo plazo en lo físico, psicológico y social, no sólo las víctimas directas sino también sus familias y comunidades”, según advierte Unicef.

Cuando el victimario es del entorno familiar y la víctima menor de edad, la Ley de Violencia Familiar (9.283) obliga a todos los representantes legales y quienes desde el ámbito público o privado a denunciar cualquier tipo de violencia familiar que conozcan. Y, en general, madres y padres, maestras y maestros, tías y tíos, hermanos y hermanas mayores, médicos y médicas, profesoras y profesores y todo aquel que esté en contacto con los pequeños no deben dudar en buscar ayuda profesional ante un posible caso de abuso. Son la voz que los niños no tienen.