María Gómez Iriondo: El discurso sobre educación es esquizofrénico y mentiroso
Desde Casa Macuca, realiza una incansable labor educativa. Se define como “maestra de alma”. Afirma que los gobernantes y gran parte de la sociedad dicen valorar la educación, pero “viven denostando a los docentes”.
En 2001, cuando la Argentina se precipitó al abismo más profundo y funesto de su historia, María Cristina “Tinti” Gómez Iriondo abrió su corazón y las puertas de su rancho en la exvilla Kilómetro 8 para trabajar en la inclusión social de las mujeres y los niños que sobrevivían a duras penas en ese contexto de vulnerabilidad.
Así nació la Asociación Civil Casa Macuca, inspirada en el sacerdote jesuita José María Llorens –conocido popularmente como padre Macuca–, con quien trabajó en Mendoza.
Hoy, la obra funciona en el barrio El Chingolo III, al norte de la ciudad de Córdoba, donde fue trasladada la mayoría de las familias de aquel asentamiento marginal del camino a Pajas Blancas, que se extendía junto al canal de riego detrás del aeropuerto Ambrosio Taravella.
Acaba de replicar el espacio, a menor escala, en una humilde vivienda de Remedios de Escalada.
Conoce muy bien a los vecinos de las barriadas urbano-marginales de Córdoba.
En 1983, fue nombrada maestra en la escuela Julia Funes de Bonet de la villa Kilómetro 8, donde llegó a ejercer la dirección.
Se define como “docente de alma” y una apasionada por la enseñanza.
Afirma que “el relato sobre educación es esquizofrénico y mentiroso” y confiesa que ese comportamiento de los gobernantes y de la sociedad le produce un dolor profundo y desgarrador.
“Por un lado, asumen el compromiso de trabajar por una mejor educación en la convicción de que es la herramienta más eficaz para revertir el proceso de decadencia que sufrimos como país, pero por otro viven denostando a nuestros maestros”, reprocha la también trabajadora social.
“Dicen que son todos vagos, incapaces, irresponsables, conflictivos y tantos agravios más, pero nadie se hace cargo de su aporte al desprestigio social del docente, por desconocimiento de lo que significa serlo. Tampoco se asume que a ningún trabajador –mucho menos a un educador– se le puede exigir un compromiso mayor con su labor si se le paga un sueldo miserable”, reprocha.
Carne de cañón
“Antes, los maestros tenían un reconocimiento social muy alto. Hoy son carne de cañón. No tienen ni gremio, ni gobierno, ni Justicia que los defiendan, y por eso cada dos por tres son víctimas de agresiones de parte de los alumnos y de los padres. Entonces la sociedad simula escandalizarse pero no hace nada para cuidarlos. Al contrario, los denigra todo el tiempo”, cuestiona.
Para respaldar sus apreciaciones recurre a las opiniones de los lectores de un diario nacional publicadas en su edición digital, al final de una nota referida al conflicto docente y a la convocatoria a voluntarios para dar clases gratis ante la posibilidad de la realización de un paro por la falta de acuerdo.
“Acá se ve la hipocresía en torno a la educación en su máxima expresión”, apunta mientras destaca un mensaje que propone echar a todos los docentes que hagan huelga.
“A los maestros no podés exigirles un compromiso mayor con su trabajo si los vivís denostando y les pagas sueldos de miseria”, reitera.
“Tinti” reconoce que la escuela pública sufre una crisis profunda. Sin embargo, dice que hay que sostenerla.
“En la escuela, los chicos con escaso capital social, hijos de padres analfabetos, que viven en un contexto de violencia y hacinamiento espantoso, que reciben información destructiva del entorno y padecen un montón de cosas tóxicas, están contenidos, aprenden a leer y se socializan”, argumenta.
Y para explicar su razonamiento, apela a su condición de “optimista patética”, como la define su hijo. “Cuando era docente en la villa, sólo una alumna terminó el secundario. Ahora, en El Chingolo, el 90 por ciento va al colegio y aunque el 70 por ciento fracase, el resto completa el nivel medio. Hay que tener muy en cuenta esa realidad”, propone.
Casa Macuca. Apoyo escolar, complemento alimentario y cultura popular.
Casa Macuca asiste semanalmente a 436 niños y adolescentes, y a un centenar de mujeres en contextos de gran vulnerabilidad. Además, entrega 2.860 meriendas y 279 módulos alimentarios por mes.
Se propone como un espacio de transformación y empoderamiento para mujeres, niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad social, económica, cultural y de salud.
Ofrece talleres de danza y sostiene una orquesta sinfónica integrada por los chicos. También, actividades deportivas y de apoyo escolar para acompañar el ingreso de los chicos al sistema educativo formal.
Desarrolla un programa de atención y rehabilitación de menores con discapacidades. Trabajan 28 profesionales. La Provincia recortó drásticamente el subsidio que le otorgaba para esos salarios.

