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Los alemanes que trajeron una porción de Bavaria a Argüello

Los Oberstedt llegaron hace 4 años. Eligieron Córdoba después del intercambio estudiantil de uno de los hijos en el colegio Alemán. La madre siempre soñó con vivir enotro país. Tienen un restaurantede comidatípica.

18 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Los alemanes que trajeron una porción de Bavaria a Argüello
Como en Alemania. Jonás, Lukas, Andreas y Stephanie. La familia alemana se dedica a cocinar comidas típicas en Córdoba. “Para nosotros, esta es una aventura”, coinciden (Ramiro Pereyra).

El Bavaria es un reducto alemán en el corazón de barrio Argüello, en la ciudad de Córdoba. Así, al menos, se percibe al ingresar al restaurante de la calle Nepper, pegado al colegio Alemán, donde años atrás funcionaba el Círculo Alemán. Es así como Andreas Oberstedt, el padre de familia y uno de los dueños del Bavaria, quiere que se sienta el lugar.Andreas (49), Stephanie (46), Lukas (21) y Jonás (18) Oberstedt llegaron a Córdoba hace cuatro años, después de que el mayor de los hijos realizó un intercambio estudiantil en el colegio Alemán de Córdoba."Mi sueño siempre fue vivir en otro país", cuenta Stephanie. Quizá, la buena experiencia de Lukas en la Argentina ayudó a cumplir con ese deseo que familiares y amigos, todavía, no terminan de entender.Antes de concretar la que llaman una "gran aventura", la familia visitó Córdoba en dos oportunidades, para conocer y analizar posibilidades. "Fue un proceso, un cambio, una aventura", resume Stephanie.La familia vivía en Aschaffenburg, casi en la frontera de las provincias de Bavaria y Hessen, a mitad de camino entre Francfort y Munich.La mujer era enfermera y Andreas, trabajaba en una empresa de seguridad. Cuando tomaron la decisión, Lukas tenía 16 y Jonás, 14. Tardaron casi dos años en organizar la partida. Vendieron la casa y el auto y cargaron sus pertenencias en un barco rumbo a Argentina. El 7 de diciembre de 2010, aterrizaron en Córdoba. La mudanza Lukas y Jonás, hoy de novio con Araceli (22), una santacruceña madre de su hija Sofía (1), hablan un perfecto español. Lukas casi podría confundirse con un auténtico cordobés. Steffi se defiende con el idioma y Andreas reconoce que le falta práctica. Desde el principio, la idea fue montar un restaurante de comida típica alemana. "Primero vivimos en el centro en dos departamentos chiquitos. ¡Terrible el calor!", recuerda Stephanie. Los Oberstedt venían del invierno europeo y conocían poco de la ciudad, de las costumbres y la forma de vida. "Hay cosas malas y cosas buenas. En todo el mundo es así. A mí me gusta la naturaleza... las Sierras", enumera.Cuando Lukas conoció Córdoba en 2008, se enamoró del clima y de la gente. "Acá es todo un poco más vivo que allá", cuenta. Y opina que "todo es más rápido y más simple". Aunque, puntualiza, el tráfico "es caótico". "A mí me gusta, estoy bastante feliz acá", resume.Hizo una incursión en la Universidad Nacional de Córdoba, pero la carrera de Geobiología Ambiental no terminó de atraparlo. Hoy, Lukas atiende a los clientes en el salón del restaurante, junto a su padre. Su hermano Jonás y su madre son los encargados de la cocina. "Capaz que algún día hago el profesorado de alemán que me va a salir fácil", se ríe. Todo diferente Andreas extraña la variedad de cervezas y las fiestas. Y le sorprenden la falta de reglas, en especial a la hora de conducir. Las celebraciones se multiplicaban en el pueblo de origen. "Fiesta de los bomberos, fiestas de la Iglesia… El verano es muy corto pero con un montón de fiestas, En un fin de semana podes ir a cinco diferentes. Con cerveza, con música", explica. A lo largo de la conversación, y cuando le faltan las palabras en castellano, Andreas habla en alemán. "Yo sé que la gente acá dice que los alemanes son fríos y eso no es así. Somos muy abiertos. El tema es que nosotros saludamos con la mano. Y acá con un beso. Pero es una costumbre. Los besos son para mi familia, amigos", indica. A Stephanie le sorprende que no pueda ingresar mercadería importada o que las encomiendas sean incautadas en la Aduana. "Mi mamá nos mandó cinco paquetes pero ninguno llega. Si alguien me quiere mandar algo, le digo: 'No, dejá, porque no entra', enfatiza. La adaptación Tres meses antes de partir, la familia tomó clases de castellano con una profesora chilena. "A mí me cuesta mucho la gramática, los tiempos (verbales)", reconoce Stephanie. Al principio, era un problema comprar en el Mercado Norte. "Yo decía lo que quería, pero no entendía qué respondían", explica.Jonás cuenta que la decisión de partir no le costó demasiado, pero cuando se instalaron en Córdoba la cosa cambió. Le decía a su madre que no podía vivir aquí, que quería regresar. Comenzó el secundario en el colegio Santa Ana. "Me tocó un curso de chicos que no eran tan amables. No me llevaba bien. No teníamos los mismos intereses. Después me empecé a juntar con gente de la edad de Lukas. Después la conocí a ella y ahí me arreglé un poco la vida", sonríe. "Ella" es Araceli, su novia. Sin vacaciones Cuando avisaron a sus familiares y a los amigos que emigrarían a Sudamérica, todos pensaron que estaban locos. Y es posible que aún lo sigan creyendo. Aún no regresaron a Alemania porque están dedicados a "trabajar y trabajar". "Quiero ir de visita a Alemania pero también quiero conocer este país. Conocemos Córdoba, un poco de Buenos Aires y nada más", subraya Steffie. La familia asegura que vive feliz en Córdoba, aunque las cosas no sean fáciles. "Esta es mi nueva vida, por ahora. Este país es duro, pero nosotros los alemanes somos más duros", concluye Andreas.