Temas del día:

La protección necesaria

Las buenas intenciones solas no alcanzan: se necesita un profundo sentido de la autocrítica cada vez que el sistema fracasa y no consigue evitar que una mujer se convierta en dolorosa ausencia.

27 de agosto de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La protección necesaria

"'Marita' vivía con miedo".Lo dijeron sus amigas apenas ocurrió el femicidio, y la frase volvió a escucharse en las audiencias del juicio en San Francisco. El miedo tenía una causa: su exmarido Mauro Bongiovanni, el hombre con el que había estado casada y que la sometía a una cadena interminable de violencia y hostigamiento. Hasta que un día "Marita" no dio más. Pudo poner en palabras lo que venía padeciendo y pidió ayuda. Decidió separarse de Bongiovanni y lo denunció, no una sino nueve veces. Pero la calma era un imposible. Meses antes del crimen, él violó una orden de restricción impuesta por la Justicia y entró armado a la casa de "Marita". Los acosos, la persecución y las agresiones no paraban. Y "Marita" tenía miedo. "Vivió un martirio. Tuvimos que luchar mucho para que le dieran un botón antipánico", contaba tiempo atrás su amiga María de los Ángeles Bertorello, a La Voz . Finalmente, la Justicia le entregó el dispositivo que, sin embargo, no fue suficiente para protegerla. El modo en que Bongiovanni la atacó no dio tiempo para nada. El botón de "Marita" descansaba en su bolsillo cuando el femicida la atacó brutalmente, ante la mirada horrorizada de los niños que ella cuidaba en la guardería Estrellitas Traviesas. Por todo eso, el brutal femicidio de "Marita" puso al descubierto las deficiencias y limitaciones del sistema a la hora de proteger a las víctimas de violencia. "Marita" había hecho todo lo que se suele recomendar a las mujeres que sufren agresiones: hablar, pedir ayuda, denunciar a sus agresores. Pero nada de eso alcanzó. Al repasar su historia, la impotencia se estrella contra la realidad. El femicidio de "Marita" ocurrió el 15 de abril de 2015. Menos de un mes después, organizaciones de mujeres convocaron a marchar bajo la consigna #NiUnaMenos. Su caso fue uno de los que, en una seguidilla dramática, alentó esa primera movilización masiva en Córdoba y motorizó el reclamo en San Francisco, una ciudad que aún cicatrizaba la ausencia de Natalia Vercesi. La condena a perpetua que llegó ayer aporta sentido de justicia no sólo para la memoria de "Marita" y quienes la quieren sino también para una sociedad que ya no permanece indiferente ante los crímenes de género.Pero ese sentido de justicia sólo puede ser completo si al mismo tiempo se asume el compromiso activo y permanente de revisar y mejorar las redes de protección y asistencia de las víctimas, y también las estrategias de prevención de la violencia. Las buenas intenciones solas no alcanzan: se necesita un profundo sentido de la autocrítica cada vez que el sistema fracasa y no consigue evitar que una mujer se convierta en dolorosa ausencia.