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"La gente sufre menos con la inflación que con el desempleo"

Mariana de Santis, especialista en Economía de la felicidad, estudia el vínculo entre economía y bienestar. Y sí, el dinero hace a las personas más felices, pero hay límites.

04 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
"La gente sufre menos con la inflación que con el desempleo"

¿Salud, dinero o amor? Felicidad. Tan difícil de definir como de alcanzar, la felicidad es la nueva estrella de la ciencia. Psicólogos, neurocientíficos, médicos tratan de describirla, mientras el mundo entero intenta (¿en vano?) encontrarla. Los economistas también la estudian, porque parece resumir lo que antes se conocía como utilidad o lo que ahora se llama bienestar. Algunos países con raíces budistas y otros del primer mundo están comenzando a medir la Felicidad Bruta Interna en lugar del producto bruto interno (PIB).Mariana de Santis está especializada en economía de la salud y de la felicidad. Trabaja en el Instituto de Economía y Finanzas (IEF) de la Universidad Nacional de Córdoba. –Por favor, dígame que el dinero no hace a la felicidad ni la compra hecha. –El porcentaje de personas felices crece en la medida que crece el ingreso per cápita. Pero a medida que el nivel de ingreso crece, la felicidad crece pero a tasa decreciente. En los países pobres un aumento en los ingresos aumentará mucho más la felicidad que en los países más ricos. También se demostró que puede aumentar el ingreso a lo largo del tiempo, pero el nivel de felicidad permanece constante. Lo importante no es que todos ganemos más, sino cómo cambia la relación entre pobres y ricos. –Una visión egoísta. –La felicidad es muy sensible a la posición relativa que tiene cada individuo en el contexto. Es decir, si todas las personas duplicáramos los ingresos por igual, el nivel de felicidad permanecería constante. Si el aumento fuera proporcional según los ingresos (los que más tiene aumentan más que los que menos) la felicidad aumentaría. –¿Y qué hay de la inflación, que parece que nos pone a todos infelices? –La inflación no es tan negativa para las personas como el desempleo. La gente sufre menos con la inflación que con el desempleo. En muchos países avanzados las personas desempleadas tienen un seguro de desempleo por muchos meses. Sin embargo, a pesar de estar cobrando, la infelicidad persiste. En cambio, si tuviera inflación y esa persona estuviera trabajando, sería más feliz. Estos datos están empezando a aplicarse para definir políticas públicas. –¿Es feliz? –Soy muy exigente. No lo soy del todo. Todos los días tenemos que hacer algo para ser más felices. –¿Qué es lo que la hace más feliz? –Al revés. Algo que me pone muy infeliz es ver niños pidiendo en la calle al rayo del sol. También me irrita que cada vez se exija menos en la escuela para mostrar que egresan más chicos. –Y personalmente, ¿qué la hace feliz? –Tener una casa, poder ir de vacaciones…De Santis ahora está tratando de conformar un Índice Nacional de Bienestar. "Hay estudios que vinculan el nivel de felicidad con la posibilidad de ser hipertenso. La variable objetiva hipertensión serviría indirectamente para medir una variable subjetiva como la infelicidad. En los países, independientemente de la cultura, esta relación está presente porque la hipertensión se vincula con el estrés", dice.Los resultados parciales indican que los niveles de felicidad son más altos entre las personas que estudiaron carreras universitarias. A su vez, las personas más viejas son más felices. "El aumento de la esperanza de vida no es en vano. La gente que vive más es más feliz", resume.Un estudio de 2007 del Centro de Economía Regional y Experimental (Cerx) en Argentina determinó que la población sigue mostrando que su felicidad no depende de la economía.El 68,1 por ciento de la gente dice ser feliz aunque sólo una minoría califica su bienestar como bueno. También detectó que la inseguridad, la inflación, los bajos ingresos y las extensas jornadas laborales son los principales factores que hoy reducen la felicidad, mientras que las actividades educativas la aumentan. Los sectores pobres y ricos son más felices que la clase media. –¿Y hay estudios que vinculen el dinero con la infelicidad? –Claro que sí. Más rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. –¿Qué otra actividad le gusta hacer además de su profesión? –Me gusta cocinar y veo mucho el canal Gourmet, aunque ahora hay mucha comida mejicana que no es la que más me gusta. –¿Lleva la economía de su casa? –No, es compartida. Una cosa es la profesión y otra la casa. Mi marido es contador, un economista frustrado.