La fiesta de Vaca Muerta
La decisión argentina de explotar petróleo y gas no convencional en el yacimiento neuquino convirtió a la pequeña ciudad de Añelo en la nueva sede de la fiebre petrolera. Miles de personas viajan allá soñando con conseguir trabajo.
Es una de las fiestas más originales que se hayan organizado en Argentina: hace cinco años que todos sabían dónde tendría lugar, sólo que –un detalle– se olvidaron de avisarle a los dueños de casa.
Añelo, la sede del festival, la nueva capital del sueño nacional de turno, es un pequeño alfiler en el infinito tablero patagónico, clavado 100 kilómetros al norte de la ciudad de Neuquén, y que en los últimos meses comenzó a ser aplastado por una invasión.
Esta pequeña población hace 10 años apenas superaba el millar de habitantes, pero alcanzó los cuatro mil el año pasado. A esta altura de 2014, ya es domicilio de seis mil residentes fijos y de otros siete mil que, por falta de lugar, viajan a trabajar todos los días desde localidades cercanas.
A este ritmo demencial, por supuesto, tendrá todavía más habitantes cuando usted termine de leer esta nota, ya que las previsiones dicen que Añelo alcanzará las ocho mil almas para el año próximo y rebalsará con 20 mil cabezas antes de que termine la década.
Los trabajadores petroleros, los camioneros, los vendedores, los buscavidas, las empresas, no paran de llegar a Añelo, porque el azar de la historia la colocó flotando 1.300 metros por encima del yacimiento de Vaca Muerta, considerado como una de las más grandes reservas de petróleo y gas no convencionales del planeta.
Llegó el tornado
Argentina es el segundo país del mundo, luego de Estados Unidos, que comienza a succionar en escala este nuevo manjar hidrocarburífero. Y tiene apostadas todas las fichas de su futuro energético a lo que está pasando en Añelo.
Argentina sueña con volver a autoabastecerse y dejar de quemar miles de millones en la importación de naftas, gas y petróleo para abastecer la demanda interna, que sólo en el primer trimestre de este año demandó 2.321 millones de dólares.
El yacimiento de Vaca Muerta es gigantesco y su extensión de 30 mil kilómetros cuadrados abarca tres provincias. Añelo quedó en el centro del tornado porque los estudios técnicos de YPF mostraron que el lugar indicado para comenzar a explotar Vaca Muerta era el bloque llamado Loma La Lata, sobre el que se encuentra la ciudad.
Esto quedó determinado en 2009, como lo prueba el Informe Mosconi, publicado en junio de 2012 por la intervención de YPF. Pero, aunque las autoridades y las grandes empresas de hidrocarburos lo sabían hace años, nadie se encargó de avisarle a Añelo.
La invasión ha hecho que la ciudad explote por los aires. Está colapsada; no puede ponerse de pie ni para atender a las visitas.
En la semana que pasó, cuando permaneció envuelta por un combo de frío, lluvia y neblina, quedó hecha un amasijo de barro, con sus calles de tierra roja picoteadas por miles de baches.
Tiene una sola calle pavimentada y ninguna máquina para arreglar el resto de sus calles de tierra. Como carece de terminal de ómnibus y ni siquiera tiene un parador de vehículos, los pasajeros se bajan de los colectivos y comienzan a patinar en el barro, y los camione ros estacionan sus grandes naves en cualquier rincón de la ciudad.
Añelo huele a barro, a gasoil, a aceite quemado, a codicia.
La ciudad, plantada sobre una descomunal reserva gasífera, sólo cuenta con servicio de gas natural en su zona céntrica. Los barrios apartados, las chacras, deben soportar los inviernos patagónicos sin calefacción.
Tampoco hay buen servicio de agua potable, ya que no hay planta de potabilización y la población desconfía de la calidad del líquido que aportan perforaciones subterráneas. Los botellones de agua mineral son una constante en los edificios públicos.
Añelo a duras penas consigue alimentar a las miles de personas que cada día la usan como base para sus operaciones. En el único bar prolijo y con capacidad para recibir a más de 20 personas que hay en la ciudad, la panadería San Cayetano, los mediodías hay que hacer cola para almorzar y su propietaria ya no sabe cómo hacer para retener a las mozas, que la abandonan apenas consiguen ingresar a una empresa petrolera, que les paga el doble por realizar tareas de mucamas.
No hay lugar en alguno en los tres hoteles de la ciudad. Martín Zapata, gerente del hotel más grande, Sol del Añelo, cuenta que tienen el 70 por ciento de sus 74 habitaciones con ocupantes fijos asegurados indefinidamente. Está siempre lleno. “Si tuviéramos el doble de habitaciones, también las llenaríamos”, afirma.
La falta de plazas hoteleras por el fenómeno Vaca Muerta ya afecta también a la ciudad de Neuquén. No hay lugar donde alojarse y los establecimientos derivan pasajeros hacia ciudades vecinas, como Cipolletti y Plottier.
Las agencias de alquiler de vehículos se quedan sin autos en algunas jornadas, y los taxis cobran tarifas increíbles por pequeños viajes: mil pesos por recorrer los 100 kilómetros hasta Añelo.
La falta de lugares para alojamiento despertó una fiebre constructora en Añelo: se está levantando un nuevo hotel, numerosas empresas arman alojamientos para centenares de empleados y también sus sedes, ya que en la actualidad funcionan en pequeñas villas de tráilers y contenedores desparramados en diversos lugares de la ciudad.
Muchos particulares también están levantando departamentos en patios y terrazas para alquilar: una habitación con baño puede alquilarse a ocho mil pesos por mes, y una casa, a 14 mil pesos.
Fotos del colapso
Las escuelas primaria y secundaria tienen sus matrículas sobrecargadas con nuevos alumnos provenientes de numerosos países y de todas las provincias argentinas, y ruegan por más aulas y nuevo personal.
Por el mismo motivo, el jardín de infantes funciona en tres sedes diferentes. Como no hay buenas frecuencias de transporte, las maestras llegan todos los días haciendo dedo.
“Ya tenemos una reputación en las rutas”, dice la directora de la primaria, Miriam Berardi. “Pero en el buen sentido, le aclaro”, agrega riéndose.
El único centro de salud con el que cuenta el pueblo no puede responder ni a la mitad de la demanda que enfrenta y, aunque debe lidiar con centenares de accidentes automovilísticos y traumatismos sufridos por trabajadores en las zonas de perforación, ni siquiera cuenta con un equipo de rayos X para hacer una radiografía de torso.
Su director, el jujeño Rubén Bautista, cuenta que se han convertido en una agencia de derivación de pacientes hacia las ciudades más cercanas. “Pero sólo tenemos dos ambulancias y en este momento estamos necesitando seis”.
Un camión tanque de 40 mil litros llena todos los días las reservas de la única estación de servicio del pueblo, pero no es suficiente. “Más de una vez se nos acaba todo durante la tarde”, dice Rubén, el encargado de la playa. La otra estación de servicio más cercana está a 40 kilómetros.
La Policía no tiene edificio propio, funciona en un local prestado por la empresa sueca Skanska y cuenta con un solo patrullero y menos de media docena de oficiales para vigilar el departamento más extenso de la provincia de Neuquén.
El domingo pasado, por primera vez en la historia local, secuestraron medio kilogramo de marihuana en un vehículo. Toda una novedad.
La gente continúa llegando a Añelo. Muchos, alentados por las noticias que ven en los medios, creen que conseguirán trabajo y alojamiento rápidamente, pero la realidad es muy distinta.
“Ayer llegó una familia desde Salta, con un bebé, y están bajo un plástico en la entrada de la ciudad, porque no hay dónde tenerlos”, cuenta la encargada de prensa del municipio, Jacqueline Maitén.
El sanjuanino Miguel Olivares lleva más de un mes buscando trabajo en Añelo, todavía sin suerte. Perdió su trabajo como camionero de altura en la mina de oro Pascua-Lama, invirtió 4.500 pesos en renovar los tres carnés de conducir que exigen las petroleras (cargas peligrosas, nacional y cargas generales) y ya repartió 30 currículos en otras tantas compañías.
“Me hablan mis amigos y mi hijo, que tampoco tiene trabajo, preguntando si pueden venirse para acá. Pero en Añelo ni te atienden las empresas, te hacen dejar la carpeta en las guardias. Traen a sus propios empleados de Neuquén, de Comodoro Rivadavia, de Buenos Aires. Si no fuera porque paro en la casa de mi cuñado, no podría estar aquí”.
Pelea de pueblo chico
El ingeniero cordobés Néstor Pairone está en Añelo desde enero. Trabaja para la empresa NH Construcciones, que debe colocar 11 mástiles de comunicación telefónica para YPF. La empresa alquila dos casas para sus empleados, a 12 mil pesos por mes más IVA cada una.
“Si las tuviéramos que alquilar hoy, nos cobrarían el doble. Y eso que son casas precarias. Ahora están construyendo dúplex que los alquilan a 24 mil pesos más IVA, y las empresas pagan 80 mil pesos por mes por el alquiler de una parcela vacía para instalarse. Esto está creciendo a lo pavote. Cuando les cuento a mis amigos de Córdoba, no me lo creen”, dice.
El intendente Darío Díaz (del oficialista Movimiento Popular Neuquino), luego de haber recorrido en Estados Unidos pueblos que, como Añelo, se encuentran asentados sobre grandes reservas de shale-oil y shale-gas, en este momento se encuentra en San Petersburgo, Rusia, en una gira que busca conseguir empresas dispuestas a invertir en infraestructura en la región de Vaca Muerta.
Este hijo de crianceros de la zona, exchofer de una empresa petrolera y con un título de perito mercantil, debe hacerse cargo de responder a la explosión que cayó sobre su ciudad, de aprovechar los anuncios de las docenas de miles de millones de dólares que se prevé descargar en la zona, sin que nadie lo pusiera sobre aviso, sin que los estados nacional ni provincial le anticiparan cómo pensaban hacer frente al maremoto.
La Municipalidad de Añelo funciona en una casita de madera raquítica, frente a la plaza. Nadie le advirtió a Añelo, tampoco, que ahora comenzará su pelea de pueblo chico para tratar de conseguir migajas o porciones del enorme poder económico de sus recursos naturales próximos. Como los pueblos mineros de Catamarca, como los pueblos pesqueros de la costa patagónica, deberá intentar que los billetes incluyan, una parada en las arcas locales.
Hoy las empresas petroleras no pagan ni la patente de sus vehículos en el municipio local, y el dinero de los impuestos va a los bolsillos de la Provincia y de la Nación. Añelo recibe apenas el 0,98 por ciento de la coparticipación neuquina.
La Nación anticipó que descargará créditos para obras por 1.200 millones para la zona, de los cuales 300 corresponderían a Añelo. Hoy, que las empresas ya llegaron, que los miles de trabajadores ya llegaron, que las perforaciones petroleras ya comenzaron, la única inversión estatal son los carteles que anuncian las futuras obras: el nuevo hospital es un cartel, las nuevas aulas son carteles, la nueva Policía es un cartel, la nueva autovía que debe reemplazar a la desfigurada ruta actual es otro cartel. Porque con carteles se solucionan las cosas, como sabemos todos.
Aunque tarde, la Nación ayudó al municipio para conseguir apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la puso en contacto con una consultora para diseñar cómo será la futura ciudad de Añelo.
Por lo que se sabe, el proyecto prevé dejar a la actual ciudad, al sur de la ruta 7, como un casco urbano viejo, y proyectar un nuevo Añelo en la vera norte, arriba de la barda que limita la ciudad.
En ese lugar, ya están diagramadas algunas manzanas y construidas las plateas para empezar con un primer plan de viviendas. También allí arriba, se comenzaron a dividir los terrenos para las empresas y hay predios alambrados.
Ya son 80 las empresas instaladas en la ciudad y el centro de las actividades está en esa meseta que hoy es una telaraña de caminos, de grandes cañerías blancas y amarillas, tubos, tendidos de alta y media tensión que los atraviesan, torres de perforación, playas de estacionamiento y planta de tratamiento de residuos.
Allí arriba tiene YPF su gerencia de “no convencionales” y allí, en la oscuridad de cada noche, brillan los mecheros gigantescos que lanzan sin interrupción sus llamaradas de gas natural.
Son como faros del futuro prometido. Como antorchas que sostienen la esperanza de que esta aventura, aunque todavía desprolija, barrosa e improvisada, esta vez, pueda salir bien.

