La derrota Mundial del machismo y del feminismo
Que Ronaldo, que Rhianna y Romero, que Lavezzi...Parecía que el machismo era derrotado. Pero hubo algo más. En los últimos partidos, eso que se llama fútbol nos hizo acordar de cuáles son los verdaderos tipos que valen la pena.
Se puede decir que todo empezó antes del Mundial, con Cristiano Ronaldo: símbolo metrosexual, objeto de deseo, modelo publicitario.
Con el correr de los partidos llegaron otros: el arquero Sergio Romero -cortejado por un tuit de Rihanna-; los europeos, por sus bíceps; los asiáticos, por sus piernas; los sudamericanos, por sus abdominales, y de los africanos mejor no hablo porque me dan mucha envidia.
El "Pocho" Lavezzi se sacó la remera e hizo estallar a la platea femenina, al igual que otros (ver Lavezzi y el Mundial en el que perdió el discurso machista).
Muchas mujeres se tomaron revancha de las babas habituales que muchos hombres sueltan ante cada botinera que se exhibe en las redes, en la tele o en los diarios.
Esto, que podría verse como una derrota del machismo acostumbrado a mirar con lascivia lo que los medios exhiben por lascivia, puede ser leído también como su triunfo. O sea, al lograr que su discurso y práctica fueran asimilados por las mujeres ni bien se presenta la oportunidad: ¿por qué no babearse por una mina en ropa interior y pedir más, si ellas mojan la bombacha por un tipo musculoso cuando estos son exhibidos en serie durante acontecimientos como un Mundial?
Esa exhibición y su elogio, también, son la victoria del modelo "perfecto" que las publicidades imponen.

Al mismo tiempo, caen en la volteada todos: hombres que se esfuerzan por no ser machistas aun cuando no hay Mundial, mujeres que comparten con ellos esa visión, personas que intentan todo el año que esa práctica no se convierta en la normalidad.
Por suerte, en los últimos días el Mundial volvió a poner las cosas en su lugar y derrotó a unas y a otros. En los últimos partidos, eso que se llama fútbol nos hizo acordar de cuáles son los verdaderos tipos que valen la pena: los que se rompen el lomo, los que corren a favor del equipo aunque no luzcan, los que van para adelante aunque la prensa los esté matando, los feos que la descosen.
Volvimos a descubrir -con Mascherano y otros- que se vale por lo que se hace y no por lo que se muestra. Y en esto no hay distinción de géneros. No la hay en la celebración, no la habrá en los festejos del domingo, sea cual sea el resultado.
Este hermoso Mundial hizo incluso eso, al menos en su tramo final: trascendió al machismo y al feminismo.

