Incertidumbre, ansiedad y la necesidad de adaptación
La prolongación de la cuarentena tiene consecuencias en la salud mental. Son esperables ansiedad y estrés. Y también buscar mecanismos adaptativos a la situación.
Los expertos que asesoran al Ministerio de Salud de la Nación aconsejaron ya extender el aislamiento social obligatorio para poder “aplanar la curva” de crecimiento de casos positivos de coronavirus. La decisión está en manos del Presidente y desde la Salud no tiene oposición, pero sí pueden vislumbrarse efectos derivados de la prolongación de esta medida y de la incertidumbre que rodean tanto la enfermedad como la duración de los confinamientos preventivos.
Valentina Casini, psicóloga del Centro de Psicoterapia Corporal, explica que desconocer la finalización de la cuarentena, además de la incertidumbre que genera la existencia de un virus desconocido, puede producir ansiedad. Define esta reacción como “una emoción biológica normal frente a una situación de desafío o de peligro”. “La ansiedad sirve para protegernos –explica– y está ligada a un instinto humano de conservación de la especie”. Al activarse nuestra respuesta de alarma, se manifiestan síntomas en los diferentes aparatos que integran el cuerpo humano. Entre otras manifestaciones, puede haber: taquicardia o pulso acelerado, opresión en el pecho, sensación de ahogo, falta de aire, preocupación excesiva y por todo (incluido el trabajo, la salud y el futuro), tensión muscular, pensamientos negativos y catastróficos, insomnio, irritabilidad, dificultad para la concentración, dolores de cabeza, gastritis y mareos. “En síntesis, la ansiedad frente a esta pandemia nos genera un malestar psico-fisico, con sensación de inquietud, intranquilidad, inseguridad”, afirma.
Y asevera que como estamos “acostumbrados a controlar todo, a tener todo cronometrado”, nuestra principal angustia en este momento es “no saber”.
Por su parte, Alfredo Ortíz Arzelan, experto en medicina del estrés, señala que, al ser nuevo lo que enfrenta hoy el mundo “exige una adaptación, con las herramientas que cada uno tiene”. Recuerda que, al ser una enfermedad viral, dependiendo de “cómo esté nuestro sistema inmunológico, tendrá una respuesta más o menos adecuada”. Para lo cual, señala, es importante evitar el estrés, el cual es causado, por ejemplo, por la sobreinformación y el contacto permanente con noticias sobre el tema, porque es “una situación ansiógena”.
Los mecanismos de adaptación “sanos” que considera posibles son: informarse, acatar las órdenes de las autoridades elegidas y empezar a lidiar “con inteligencia con todos nuestros límites”. Entre estos límites, enumera: “De producir, de saber qué va a pasar”
“Hacen falta ideas que nos fortifiquen, no que nos debiliten –subraya– y para eso hay que ser muy concreto”. La idea de estar “haciendo todo lo que se puede”, opina, y genera cierta tranquilidad. “Y esto al organismo le sirve como información”.
Para Ortiz Arzelan, la cuarentena sirve para saber, en primer lugar, que uno no está enfermo (por la ausencia de síntomas), pero “no podemos parar el país”. Y para ello sugiere tomar medidas de protección diferentes para protegerse. “Cada día uno desarrolla una situación perceptiva nueva para cubrirse uno mismo y a la población”, dice.
“Adaptarse”, en este contexto, es lograr un equilibrio, manifiesta.
“De esto podemos aprender mucho, porque en el futuro nuestros pares, los más jóvenes, nuestros hijos y nietos verán varias de estas situaciones en el mundo, porque forma parte de la evolución humana”, sentencia.
“El estrés en el organismo es una respuesta sana, siempre y cuando esté contenida. Si se hace crónico, en vez de defendernos, nos debilita, nos agota, nos altera el sueño, el apetito, el individuo entra en estado de ansiedad, y si esto no para puede haber depresión”, concluye. También recomienda técnicas de meditación.

