Las imágenes de hoy serán los recuerdos del mañana
A un mes de la cuarentena por la pandemia, aparece la necesidad de documentar y registrar este momento global excepcional. De qué manera se construye la memoria colectiva.
Cuando se cumple un mes de la cuarentena obligatoria en la Argentina, en medio de un momento histórico global extraordinario, los registros individuales y colectivos de las vivencias vinculadas a la pandemia se multiplican. Aparece la necesidad de conservar y documentar lo que nos sucede y, también, de condensar las memorias como un legado para generaciones futuras.
“Es difícil pensar con claridad estos tiempos de reclusión. Estamos tan inmersos que resulta apresurado decir algo que no sabemos muy bien qué es ni por qué pasó y sobre todo qué futuro trae: algo que habíamos leído en libros de historia, ahora nos lleva por delante. Y golpeados y tirados en medio de la calle, el sistema nos levanta y nos pone a caminar: esa es mi sensación. Y en medio de un escenario de desconcierto, el vendaval en las redes”, reflexiona Gloria Borioli, magister en comunicación y cultura contemporánea.
Así, videos, flyers, memes y stickers llegan y se reenvían febril y compulsivamente -opina Borioli-, construyendo la ilusión de cercanía, de diálogo y de comunidad.
“En esa cadena, a veces solo somos un eslabón mudo. Un eslabón que por mirar la pantalla, no se mira y no mira al otro. Hablamos del agobio personal por un teletrabajo repentino y de la dolorosa preocupación política y ética por la pobreza creciente. Pero no sé si tenemos suficiente serenidad para, en medio de la vorágine, sostener la soledad y el silencio y pronunciar algo propio más allá de la queja catártica o de la información de los medios. Es muy probable que eso se vincule con el poco ejercicio de la palabra responsable y respetuosa que se nos ha enseñado, con el escaso aprendizaje de la escucha”, remarca Borioli, y recuerda al filósofo Walter Benjamin al decir que “la memoria no es un instrumento para conocer el pasado, sino solo su medio”.
“Recordé a Benjamin al preguntarme cómo generaciones venideras imaginarán esta reclusión sanitaria, qué imágenes y sonidos contribuirán a componer un escenario de lo que hoy vivimos. Situados en ese mañana, ¿qué recuerdos tendrán los hijos de los profesionales de la salud? ¿Y los hijos de los trabajadores informales? ¿Y la gente en situación de calle? Así como hay una memoria de la última dictadura y de la Shoa, habrá una memoria de la pandemia. Varias, en realidad, porque dependerán de quién tome la palabra”, cree Borioli, quien considera importante pensar con qué anécdotas y recursos documentar la propia versión de la pandemia, con qué pequeñas historias y palabras construir un legado de “las voces menores”.

Desireé Toibero, doctora en Ciencias Políticas y profesora de Historia, sostiene que la pandemia nos coloca en la encrucijada de preguntarnos sobre sentidos que antes no indagábamos. Y subraya que a la hora de registrar lo que está ocurriendo es preciso reconocer un contexto donde ingresa el sujeto atribuyendo sentido.
Necesidad de narrar
¿Para qué registrar? “El para qué nos coloca en la consideración del sentido y en este punto la impronta de la experiencia nos coloca en la necesidad de nombrar y narrar lo que nos pasa ante los hechos. En cada uno de nosotros habita un conjunto de emociones, sentimientos y contradicciones que necesitamos encauzar, la palabra aparece como el único vehículo que nos permite organizar y armar esto que nos pasa y convertirlo en una experiencia. El narrar nos permite seguir siendo nosotros mismos ante los cambios incorporando las transformaciones profundas del mundo externo; nos posibilita reconocernos personal y socialmente ante los desafíos del presente”, explica Toibero. Esas narraciones, remarca, son las interpretaciones personales de lo que nos sucede, ante la irrupción de la enfermedad y de la muerte.
“En la acción de registrar partimos del supuesto de que otro sujeto, un intérprete, realizará la lectura formulando preguntas desde el horizonte de su propio contexto y abriendo la posibilidad de la comprensión hacia el futuro”, plantea la historiadora.
En este punto, la historia ha dejado de tener como referencia sólo el tiempo pasado. “La historia se centra en las preguntas que somos capaces de formular en el presente, las que a su vez siempre están cargadas de expectativas de futuro”, sostiene Toibero.
Por su parte, el profesor de Filosofía de la Universidad Católica de Córdoba Miguel Vargas considera que la palabra y la conversación expresan la hospitalidad humana. “Somos lo que conversamos”, remarca. La experiencia y el modo de estar en el mundo, indica Vargas, deja huellas, colores, olores, decires, saberes y esencialmente sentires en cada contexto y diversidad de conversaciones que se dejan alojadas en nuestra historia.
“Recordar es una invitación a mirar y olfatear lo que el pasado nos ofrece como aprendizaje responsable para el hoy, y los nuevos diseños de futuros inconclusos e inciertos que se nos avecinan”, remarca.
¿Por qué documentar? Para Toibero lo que se decide registrar y lo que se decide olvidar definen el hoy. “Es necesario documentar para que la transmisión generacional sea posible, para no dejar el lugar vacío, para que como nos enseña J. Hassoum, hagamos la tarea de pasadores que nos toca en nuestro tiempo”, opina.
Fortalecer lazos
Gabriel Brener, especialista en Educación, sostiene que en clave pedagógica esta cuarentena puede considerarse como excepcional y transitoria, aunque también -dice- podría transformarse en complementaria. "Esto significa que es una oportunidad y no por ello ni placentera ni deseable. Dada su presencia por razones de fuerza y emergencia sanitaria, podremos revisar justamente eso, nuestra presencia, la calidad de nuestra presencia y la alteridad como asunto indispensable. Lo crucial de ser necesario para otro y que otro sea necesaria para mí”, plantea. Agrega que hay que estar atentos a que el miedo no se convierta en pánico, un sentimiento "que distorsiona la capacidad de discernir y transforma en amenaza y enemiga cualquier persona o situación”.
Brener sostiene que fortalecer lazos y sostener vínculos es el imperativo educativo más importante en estos días y debiera ser “la memoria pedagógica" de esta cuarentena.
Es decir, subraya, “que no sea el recuerdo de un tormento oscuro que me hizo más desconfiado sino una ocasión involuntaria que fortaleció mi voluntad solidaria, despabilándome y dándome cuenta (de la mano del genial Roberto Juarroz) que a veces, pensar en alguien, quizás se parezca a salvarlo”.
Iniciativas para forjar el registro de la pandemia
- Memorias de la pandemia. La UCC lanzó el proyecto "Memorias de la pandemia". Se invita a estudiantes, educadores y público en general a participar de la construcción de este archivo enviando audios, dibujos, fotos, textos cortos, videos u otra expresión artística. Será publicado en un sitio web Consultas: [email protected].
- Aislados, documental. Documental colectivo que impulsan cineastras argentinos. Se solicita enviar un video contando cómo vivís el encierro. Correo: [email protected].
- "Podcasts" de la UNC. UNCiencia sumó un espacio de comunicación en tiempos de cuarentena: podcasts semanales en https://unciencia.unc.edu.ar/podcasts/.
- Museo de Antropología. Publica artículos de investigadores y científicos en su página http://museoantropologia.unc.edu.ar.
- Días de cuarentena. La carrera de Comunicación de la Universidad Blas Pascal abrió "Días de cuarentena", un espacio donde los alumnos publican e intercambian vivencias virtuales durante el aislamiento social.

