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Los hijos también pueden heredar nuestra experiencia

Un estudio demuestra cómo los progenitores traspasan las huellas químicas provocadas en el organismo por cambios ambientales. Son clave para tratar algunas enfermedades.

26 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Los hijos también pueden heredar nuestra experiencia
Epigenética. Las marcas epigenéticas encienden o apagan los genes, y están influidas por el ambiente. Algunas son heredables (AP/Archivo).

Además de los genes, los padres también transfieren a sus hijos parte de su experiencia. Un nuevo estudio publicado ayer en la revista Science demuestra cómo, además del ADN, la descendencia recibe de sus progenitores parte de los mecanismos bioquímicos que hacen que algunos genes se enciendan y otros no. Estas marcas epigenéticas no están en los genes, sino que son determinadas por el ambiente, esto es, la nutrición y la exposición a contaminantes o al estrés. Los hijos pueden heredar rasgos alterados debido a las experiencias pasadas de sus padres o abuelos. Por ejemplo, si los padres pasaron por una gran hambruna, su epigenética cambiará. Esos cambios serán heredados por los hijos y condicionarán su crecimiento.Si cada gen es una luz, las marcas epigenéticas son los interruptores que los prenden y apagan. Son más sensibles al ambiente. Es la frontera de la biología molecular, promesa de muchos tratamientos para enfermedades, como la obesidad, el autismo y el cáncer.Años atrás, un estudio multigeneracional realizado en ratas por David Crews (Universidad de Texas) concluyó que la obesidad y el autismo podrían deberse a la exposición de los abuelos a la revolución química de la década de 1940, que incluye la introducción de nuevos plásticos, fertilizantes, detergentes y pesticidas.Hasta el momento no se sabía cómo se daba esa herencia epigenética. El nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de Cambridge descubrió cómo las marcas epigenéticas se transmiten.En realidad, la mayoría de estas marcas desaparecen en las células progenitoras de los espermatozoides y óvulos que engendran al hijo. Es decir, hay una reprogramación que le permite a la descendencia nacer con su epigenética de cero y generar ella su propio conjunto de interruptores.Sin embargo, los investigadores también encontraron que algunos procesos escapan a esta reprogramación y de este modo se transmiten a la descendencia. El hallazgo es clave, porque marcas epigenéticas aberrantes se podrían acumular durante mucho tiempo en respuesta a factores ambientales, como la exposición a productos químicos o una mala nutrición. Esa mala epigenética podría pro­vocar un mal uso de los genes y producir enfermedades al ­encender los malos y/o apagar los buenos.Se sabe que la descendencia hereda los genes, pero, si también hereda un conjunto de malos interruptores, el riesgo de enfermarse es evidente.Jamie Hackett, director de la investigación, dijo: "Parece que la reprogramación epigenética no es infalible y puede provocar que alguna información epigenética se transmita a generaciones posteriores. La herencia de la información epigenética podría contribuir a provocar rasgos alterados o susceptibilidad a enfermedades en los hijos y otros descendientes".Hackett advierte que todavía no están claras las consecuencias que la herencia epigenética podría tener en los seres humanos. "Nuevos estudios deberían aclarar si los rasgos hereditarios se pueden derivar de la herencia epigenética, y no sólo de genes", comentó.

Importancia

Primero. "El trabajo podría ­proporcionar información sobre cómo borrar las marcas epigenéticas aberrantes que están detrás de alguna enfermedad en los adultos", aseguró Azim Surani, investigador principal del estudio.

Segundo. El estudio ofrece oportunidades para determinar si espermatozoides y óvulos pueden adquirir nuevas marcas epigenéticas a través de una buena o mala influencia ambiental o nutricional de los padres. De esta manera, se podría evitar traspasar marcas epigenéticas indeseables a las generaciones siguientes.