Hacía falta tanta agua para aliviar tanta bronca
Del fuego nació la tan mentada década, gastada ya por el uso tanto del oficialismo como de la oposición. Ese incendio no mostraba tizones ardiendo ni bosques en llamas.
Del fuego nació la tan mentada década, gastada ya por el uso tanto del oficialismo como de la oposición. Ese incendio no mostraba tizones ardiendo ni bosques en llamas. Presentaba, en cambio, a hombres y mujeres, a niños y a ancianos, intentando salir de una de las más grandes tragedias sociales vividas en el país.
El mensaje para la clase dirigente era contundente. La sociedad, especialmente la castigada clase media, reclamaba un nuevo aire.
Pedía a gritos por otros dirigentes, por otra forma de hacer política. Era el tiempo del "que se vayan todos". Sin embargo, y con una capacidad casi genética para escapar a su apocalipsis, la clase política argentina se sacudió las cenizas apenas pudo y se reacomodó al nuevo tiempo, pero con sus viejas prácticas intactas.Superado el impacto de asteroide que significó la caída de Fernando de la Rúa y de la convertibilidad, a los políticos argentinos les cayó muy bien el viento de cola que trajo el precio de las commodities . Mientras nadie se acordaba de aquel pedido de extinción masiva de la clase dirigencial, se recuperó el viejo fragoteo, las disputas por porciones que la gente común nunca alcanza a saborear.Y en ese espacio recuperado por quienes viven del juego del toma y daca, se movió la provincia de Córdoba. Volvió, también, a ser aquella isla que graficó con otro sentido el exgobernador Eduardo Angeloz. Córdoba volvió a quedar inmersa en un juego de disputas entre el poder nacional y el provincial, que marcaron otra postergación histórica.Ese añejo juego de la política volvía a apostar por los intereses personales o partidarios por sobre las necesidades de la población.Y así funcionaba el engranaje hasta que llegó la peor tragedia climática desde que se tienen registros. A los aluviones en las Sierras, le sucedió el gran charco que cubre casi toda la Pampa Gringa. Una voz en el teléfono Con la correntada, y en actitudes de inesperada grandeza, de pronto José Manuel de la Sota y Luis Juez vuelven a dialogar. Fue una primera y esperanzadora señal, aunque lo que los une sea el espanto por la situación.El broche, tal vez sea lo que ocurrió ayer. Los espartanos kirchneristas –que no expresan ni un sentimiento si no les llega el visto bueno de la Casa Rosada– aparecieron sumados al resto de los legisladores nacionales por Córdoba para pedir ayuda a la Nación.Tal vez no hacía falta tanta agua para llegar a ese puerto. Por bueno, el gesto de unidad a favor de la sociedad cordobesa –que, claro está, debería ser cotidiano– deja abierta la duda sobre qué impacto final hubiera tenido el agua si Córdoba contaba con otra infraestructura, esa que sólo se puede alcanzar si todos tiraban desde antes para el mismo molino.

