"En mi casa no me quedo, me dije cuando me jubilé"
Cristina Tagle tiene 75 años y tiempo para lo que le era imposible hacer cuando trabajaba: toma clases de pintura y de computación en el Centro de Promoción del Adulto Mayor (Cepram).
Por la mayor expectativa de vida, muchos adultos mayores pueden hacer lo que no podían mientras trabajaban. Cristina Tagle tiene 75 años y tiempo para lo que le era imposible hacer cuando trabajaba: toma clases de pintura y de computación en el Centro de Promoción del Adulto Mayor (Cepram). Y cuenta: "Cuando me jubilé me dije: 'Yo en mi casa no me quedo'".Para Cristina, hoy los adultos de su edad viven de forma diferente de cómo lo hacían sus padres. "Ellos se limitaban a la familia, se quedaban en la casa cuando se ponían grandes. Yo busco en qué entretenerme, la monotonía no va. Esto hace que vivamos una vida con más vitalidad, siempre tenemos la primavera en el corazón", cuenta. Ayer, en el Cepram, comenzaron los festejos por el 21 de septiembre.Cristina fue docente durante 40 años y, aunque tiene "los achaques propios de la edad", según sus palabras, se siente muy bien. Lo social es muy importante: cada dos meses se junta con sus compañera del secundario (fue al Carbó), y todos los años festejan el aniversario de cuando se recibieron. "Tengo cinco hijos y 10 nietos. Y viajo con mi marido", dice esta mujer que lleva 52 años casada. "Somos muy felices", cuenta.Graciela Vallejos tiene 70 años y es compañera de pintura de Cristina. Es pediatra y se jubiló hace tres años. "La jubilación llegó en el momento que llegaron los nietos y ayudo a mis hijos a cuidarlos. También aprovecho para hacer las actividades que me quedaron pendientes y no podía hacer cuando trabajaba y los hijos eran chicos", dice la abuela de tres. "Sé que es una gran ayuda para mis hijos. Ahora no es fácil poder pagar a alguien que cuide a los chicos. Además, disfruto mucho hacerlo", asegura y vuelve a la pintura.

