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En bicicleta, José salió a censar por las Altas Cumbres

Fue el segundo censo que realizó. Vive en la zona, donde también corre carreras de "mountain bike".

28 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Corresponsalía
En bicicleta, José salió a censar por las Altas Cumbres

Pampa de Achala. José Zárate salió de su casa, convertida en oficina censal, a "visitar" a sus vecinos de la zona para registrarlos. José vive en un puesto ubicado en el nacimiento del río Mina Clavero, sobre el camino de las Altas Cumbres. Su familia se dedica desde hace años a la venta de artesanías. A él le apasiona la bicicleta: volvió hace poco de una lesión y piensa competir nuevamente en las carreras de mountain bike que se corren en la zona. Por eso sacó sus preciadas dos ruedas para recorrer las seis o siete casas que le tocaban censar ayer. Eran pocas, pero ubicadas a una gran distancia unas de otras y en un terreno escarpado, pedregoso, en el que hay que trepar y bajar pendientes pronunciadas.Pero José se mueve con total soltura por esas tierras a las que conoce casi de memoria. "Salgo todos los días a entrenar por acá", dice mientras se monta a su bicicleta, con una mochila al hombro, para recorrer los kilómetros que le deparará su rol de censista. Recorrida. La primera familia está a un kilómetro de la ruta. Hay que bajar una gran masa de piedra. José hace el camino montado en su bici hasta que los accidentes de la geografía de las Altas Cumbres no se lo permiten más. Deja el rodado en una piedra y sigue a pie. "No creo que venga nadie a robarla", dice, entre risas. "Es el segundo censo que hago. En 2008 trabajé para el que hizo la Provincia. Y es casi lo mismo, me tocan las mismas casas y conozco a todos porque son mis vecinos", afirma. El paisaje es impresionante a la vista, más en un día soleado y de cielo limpio como ayer. Cada paso está acompañado de una nueva imagen que deslumbra. "Buenaaaas...", dice José batiendo sus palmas en la puerta de los González. De adentro de una casa ubicada detrás de una enorme piedra salen Juana, su hija Andrea y su nieta Camila (tienen casi la misma edad). Horacio, el padre de familia, está cuidando las cabras que pastan en los alrededores. Se saludan como si fueran familiares. Casi lo son. Se conocen de toda la vida y Juana le recuerda a José que no fue al cumpleaños de su nieta. "No pude venir", se lamenta José, mientras busca lápiz y planillas. Entre mate y mate, la mujer saca unas galletas de un armario y las ofrece al visitante. Se tratan con afecto y Juana le ofrece mirar las fotos de los 15 de su hija Andrea. "Ella estuvo enferma y el doctor que la operó viene a veces a visitarnos. Le gusta quedarse acá a pasar el día", cuenta la mujer. Al terminar el relevamiento, Juan se acuerda que tiene la bicicleta a unos 500 metros, en la cima de una alta pendiente. Le quedan seis casas por censar. Eso le demandará varias horas más de recorridas y pedaleos que de tarea censal en sí. Al irse, saluda a la mujer y a las chicas prometiéndoles que volverá pronto a visitarlas por más tiempo. Pero ya sin preguntarles la edad, la ocupación, o si tienen celular, computadora o inodoro.