El sueño de Conrado se construye con sacrificio
Conrado Puigdellivol (así se llama, pero no se preocupe si no le sale en el primer intento) tiene 15 años, es el capitán de la octava división de Talleres que compite en AFA y sueña –como todos los chicos de esa edad– con jugar en primera.
Los relatores de fútbol tendrán dificultades para pronunciar su apellido, pero será difícil que pasen por alto a este pequeño crack. Conrado Puigdellivol (así se llama, pero no se preocupe si no le sale en el primer intento) tiene 15 años, es el capitán de la octava división de Talleres que compite en AFA y sueña –como todos los chicos de esa edad– con jugar en primera.
Condiciones no le faltan: le pega con las dos piernas, va bien arriba, es una “alimaña” para recuperar pelotas y, pese a jugar de “5”, también hace goles.
A eso le suma, además de su propio esfuerzo, el de su papá Walter, quien todos los días recorre 80 kilómetros para ir y venir con su hijo del entrenamiento a la casa, y de la casa a la escuela.
De lunes a viernes, Conrado se presenta en el predio Nuccetelli a las 7 y su papá lo busca a las 11, comen juntos en casa y luego Walter sale disparado para que no llegue tarde a clases, a las 12.20.
“A este ritmo lo venimos sosteniendo desde hace cinco años, más o menos. Con Fernanda, mi mujer, siempre estamos contrarreloj. Es un sacrificio para Conrado y la familia. Pero es su sueño y vamos a hacer todo lo posible para que se le cumpla”, dice Walter Puigdellivol.
Conrado cursa el cuarto año de la secundaria en el Instituto San Miguel. El año pasado tuvo que dejar el Pío X, colegio al que fue desde primer grado y que tiene sólo turno mañana, justo a la hora que se entrena en Talleres.
“Fue bastante complicado dejar a mis amigos en el Pío, con los que compartí nueve años. Cuando puedo me junto con ellos. Pero bueno, fue una decisión que había que tomar y mi sueño es este: ser jugador profesional de fútbol”, señala Conrado.
El joven futbolista admite que llega rendido al final del día. “Depende de cómo haya sido el entrenamiento. Me levanto muy temprano y mi escuela tiene doble escolaridad. Cuando salgo tengo que tomar dos colectivos, así que estoy llegando a casa a eso de las 18.15. Me baño, me tiro en la cama hasta que esté la comida y me voy a dormir”, cuenta.
En la escuela está exceptuado en natación y educación física, pero no zafa de inglés: se cursa por la mañana, por lo que tendrá que prepararse con alguna profesora y rendirla libre.
Conrado tiene un hermanito, Augusto, de 4 años, que pinta para seguir su mismo camino. Walter se agarra la cabeza, pero está dispuesto a hacer el sacrificio para cumplir el sueño de sus pequeños.
El apoyo de las universidades públicas
Jorge Calzoni, rector de esta casa de estudios, tiene un convenio con Racing e Independiente por el cual apoyan académicamente a los chicos que viven en las pensiones. La idea de Calzoni es que todas las universidades brinden este servicio.

