El lujo anticiudadano de Julieta
El colectivo debería ser “sagrado”: que nadie le invada el carril ni el espacio de la parada. Que quien lo haga sea sancionado por el ojo de un inspector siempre presente.
Julieta trabaja en un comercio en la peatonal 9 de julio, cerca de la avenida General Paz, en el centro de la ciudad de Córdoba. Vive con sus padres y logró comprarse un autito con el que va hasta el centro todos los días, de lunes a sábado. Descubrió que puede dejar estacionado el auto en bulevar Las Heras, bien al lado del Parque Las Heras. Camina siete cuadras hasta su trabajo. No paga estacionamiento, ni "naranjitas" que le cuiden el auto, ni multas por ocupar una calzada completa y congestionar más el tránsito en esa zona, que a las 9 ya está ocupada por trabajadores como Julieta.Trabajar en el centro y movilizarse con auto propio pagando apenas el combustible es un lujo anticiudadano. Incluso pagándole a "naranjitas" o a cocheras privadas, si todos nos movemos en auto propio hacia el centro hacemos cada vez más invivible la ciudad. Caos Hay consenso unánime sobre que en Córdoba el tránsito se ha vuelto caótico e impredecible. Trayectos que antes se hacían en 15 minutos, hoy llevan, de mínima, 30. En 2003 había 360 mil autos y motos en la ciudad; en 2013 fueron 732.200: 103 por ciento más, sin contar los que ingresan del Gran Córdoba.¿Soluciones posibles? Ensanchamos las calles (imposible en el centro, aunque contáramos con los fondos); prohibimos el ingreso de autos en una franja horaria o a patentes pares/impares según el día; destinamos 1.500 millones de dólares, que no tenemos ni nos prestan, para construir un subterráneo; divagamos sobre un tren aéreo; o seguimos como estamos, agrediendo al otro, estresando el cuerpo y exponiendo la vida.Por ahora, la solución posible e inmediata para una ciudad con tantas carencias es la de mejorar el sistema público. Cada dos autos hay apenas tres cordobeses que se trasladan.Los coches particulares ocupan el 75 por ciento de la calzada y transportan apenas al 21 por ciento de los usuarios de la ciudad. Tantos autos para llevar a tan poca gente multiplican de manera exponencial su cuota contaminante.En un colectivo van en promedio 70 personas y el transporte público ocupa apenas el siete por ciento de la calzada. Opciones Aunque el nuevo boleto sea caro, el transporte masivo sigue siendo más barato frente al auto particular o de alquiler. La moto seduce, aunque los 11 mil heridos al año que atiende sólo el Hospital de Urgencias seguramente ahora dicen lo contrario.El colectivo debería ser "sagrado": que nadie le invada el carril ni el espacio de la parada. Que quien lo haga sea sancionado por el ojo de un inspector siempre presente, al menos en horario laboral.Un carril exclusivo aporta seguridad y garantiza rapidez. Si todo lo prometido para el nuevo sistema de transporte que arranca el próximo sábado se cumple –seis a nueve minutos de frecuencia en las arterias principales, más unidades, posibilidad de combinar líneas sin costo o a un cuarto de la tarifa regular–, Julieta debería abandonar su auto y moverse en colectivo. Las siete cuadras diarias que camina hasta su trabajo bien podrían aplicarse a moverse hasta la parada.El gran desafío del sistema de transporte es recuperar usuarios que hoy se mueven en alternativas individuales. Es, al menos en el corto plazo, la única chance que tenemos, como ciudadanos, de volver más vivible y amigable la ciudad.

