El juego no para, ni sabe de ajustes
El juego no para. En el primer cuatrimestre de 2016, se apostó en máquinas –que ya tragan mucho más que monedas– casi un 30 por ciento más que en igual período del año anterior.
Al buscar confirmar que para las máquinas tragamonedas también el consumo había descendido o se amesetaba en los últimos meses, nos dimos con una sorpresa. Antes de indagar los datos, ya imaginábamos un título que confirmaría que también en este juego de azar el consumo aflojaba este año, como ocurre con casi todos los rubros de la actividad económica. Sin embargo, equivocamos la apuesta, valga la expresión. El informe que publicamos en páginas 4 y 5 parte de la constatación de esa sorpresa: la recaudación de las cuatro mil slots esparcidas en 17 ciudades cordobesas no deja de crecer, aun en tiempos de recesión y bolsillos ajustados.El juego no para. En el primer cuatrimestre de 2016, se apostó en máquinas –que ya tragan mucho más que monedas– casi un 30 por ciento más que en igual período del año anterior. O sea, prácticamente acompañó la suba inflacionaria, cuando muchos sectores cedieron claramente sus ingresos. El salto entre 2014 y 2015 había sido similar. Desde que las slots fueron habilitadas en esta provincia, en 2004, no paró de subir el monto recaudado. Hoy, los cordobeses dejan cinco millones de pesos por día, con la engañosa esperanza de que las maquinitas les devuelvan una alegría, aunque estén programadas para que sean otros los que siempre ganen: las empresas privadas concesionarias y el Estado, que comparte esas ganancias. Cruel paradoja: el Estado publicita que la recaudación del juego se destina a asistir a los grupos sociales más desprotegidos, pero a la vez promueve que esos sectores dejen parte de sus ingresos –y de sus sueños de prosperidad– en esas salas inundadas de luces. Es que el de las tragamonedas es un juego imaginado –por horarios, modalidad y costo de la ficha mínima– para los sectores sociales más vulnerables, de ingresos económicos medios y bajos. Esa combinación de privados participando del negocio y de sectores populares sosteniéndolo, con la complicidad del Estado, es lo que más ruido provoca. Por ello, las crecientes polémicas que viene generando, a nivel nacional y en muchas provincias, un negocio ligado con el poder. Negocio, además, que ni siquiera parece correr riesgos en épocas de crisis.El poder del juego se ha tornado evidente. Sólo que con diferentes nombres, según las provincias.

