El horror, en vivo y en su pantalla
¿Hay que mostrar aquello de lo que otros son capaces para lograr que la sociedad tome conciencia? ¿No hay que mostrarlo para que no logre atemorizar?
Aunque no es un debate nuevo, se ha reactualizado y cruza los medios de comunicación y las redes sociales: cómo actuar frente a los videos que muestran escenas de horror, tal el caso de las decapitaciones.
Desde siempre, los medios audiovisuales, ahora fortalecidos con la popularización de Internet, han lidiado con esta problemática.
¿Hay que mostrar aquello de lo que otros son capaces para lograr que la sociedad tome conciencia?
¿No hay que mostrarlo para que, en cierta medida, no logre su objetivo de atemorizar a la sociedad?
No es un problema menor, porque encierra un profundo debate ético, que va entre preservarse de lo que puede ser considerado morboso o de mal gusto o favorecer una irrestricta libertad, para que cada individuo asuma su decisión al respecto.
El asunto recobró particular impulso cuando los yihadistas del grupo Estado Islámico (Isis, por sus siglas en inglés) difundieron un video de la decapitación del periodista estadounidense James Foley.
La mayoría de los medios eliminaron el momento exacto del asesinato, pero dejaron los minutos previos, que también son de un gran dramatismo y que, por cierto, afectaron a la familia de Foley.
Kelly Foley, prima del periodista asesinado, escribió en su cuenta de Twitter: “No vean el video. No lo compartan. Así no es como la vida debería ser”, según relató CNN.
Por el cerrojo
Entonces, hubo quienes postularon que no se publicara absolutamente ninguna imagen.
Para cumplir sus propias políticas, YouTube, el sitio donde estaba alojado el video, lo dio de baja. Sin embargo, la tecnología les permitió a muchos copiarlo antes de que desapareciera y viralizarlo a través de redes sociales y otros medios no formales.
Lo mismo hizo Twitter, que cerró o bloqueó cuentas desde las cuales se posteaban imágenes cruentas.
¿Por qué alguien puede sentirse tentado a mirar videos de ese tipo?
Hay público
Los yihadistas usan una herramienta de creación occidental, como es YouTube, para revelar que la verdad no es la que exhiben las potencias dominantes sino que es otra, y que ellos son capaces de aplicar un ancestral castigo, como es la decapitación.
“Miren, vos y todo el mundo, lo que somos capaces de hacer. No sos el todopoderoso”, parece ser el mensaje.
Enfrente, saben que hay una audiencia a la que, aunque considere que no debe verlos, el morbo convierte en permeable a esas imágenes.
“Se canaliza así la bronca hacia el gran padre todopoderoso, que es Estados Unidos”, analiza el psiquiatra Osvaldo Rubiolo.
Pero, en general, hay una idea aceptada de que el horror no puede ser retransmitido. Valga el ejemplo de tres tuiteros:
Ursula Astondoa (@uastondoa): De pésimo gusto. El medio que lo publique avala esas prácticas. Ninguna información útil para lectores sale de esos videos.
Canavosio y Flores (@CANAVOSIOFLORES): El morbo, como todas las miserias humanas, vende. Estará en cada uno ser parte de esa rueda o no.
Sara Moreno (@SaraMorenoPy): Propaganda al terrorismo, se puede informar sin caer en ese morbo, pero la gente ciertamente (en mayoría) escoge el morbo.
Del lado de los medios, la necesidad del clic en la página web suele ser una tentación que muchas veces se ampara en la excusa de mostrar los hechos por encima de toda otra consideración.
Deberían considerar que, como dice el maestro de periodistas Javier Darío Restrepo, la ética también vende.

